Comunión con Dios en nuestro lugar de trabajo

KOSMOSPrevio a viajar a campo transcultural, un obrero de mucho respeto nos dijo lo siguiente: “Recuerden que los más importante y la mayor prioridad para ustedes en el campo ministerial es su comunión con Dios, nosotros antes de enviar alguien al campo buscamos cien intercesores para el obrero, ellos se comprometen a orar a diario por él y su familia” 

¡Cuánta razón tenía nuestro hermano! Hemos experimentado que el cultivo de nuestra comunión personal con Dios es el sustento de todo lo que hacemos, es por tal motivo que quiero compartir algunos apuntes sobre la disciplina de la comunión.

1. Disciplina de comunión

En estos primeros meses en Asia debo de ser sincero con todos los lectores del Blog, y debo de expresar que la comunión con Dios ha sido nuestro mayor soporte en todas las áreas de nuestra vida, a menudo han venido vientos de ansiedad, desesperación e incertidumbre por el hecho de estar lejos de nuestra patria (familia, amigos y comida) no obstante hemos encontrado junto con mi familia una fuente de agua viva que nos renueva cada día para seguir en el horizonte de nuestra vocación dada por Dios para su gloria. La comunión con Dios es la disciplina más importante en el campo misional, sin ella solo somos más que activistas fanáticos, estériles, improductivos e ineficientes. Es por ello que debe de ser una prioridad cuidar nuestra relación con Dios a diario, de tal manera que Él pueda usar nuestras vidas según su designio eterno. ¿Cómo entonces nos ponemos en ese camino de comunión con nuestro hacedor?

a) Por medio de la oración transformadora

La oración transformadora se gesta en el reconocimiento de nuestra debilidad e incapacidad para hacer el bien, cuando reconocemos quienes somos podemos palpar la grandeza de nuestro creador y le podemos permitir que destruya la vasija de nuestra vida y empiece un nuevo proceso de restauración en nosotros, es un proceso doloroso pero a la vez necesario y transformador, nos transforma a nosotros mismos y transforma a quienes nos rodean. La oración es transformadora porque le permitimos a Dios que nos transforme internamente. El salmista clamaba de la siguiente manera: “Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de tu presencia, y no quites de mí tu santo Espíritu” (Salmo 51:9-10)

 Notemos la oración del salmista:

  • “Esconde tu rostro de mis pecados”
  • “Borra todas mis iniquidades”
  • “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio”
  • “Renueva un espíritu recto dentro de mi”
  • “No me eches de tu presencia”
  • “No quites de mi tu Santo Espíritu”

Podemos resumir la oración del salmista en un deseo profundo de transformación interna, este deseo implicaba el reconocimiento de su condición de pecado y el reconocimiento de la santidad de Dios, así mismo implicaba la necesidad de volver a caminar en integridad y además la comprensión de las consecuencias de estar fuera de la cobertura divina.

b) Por medio de lectura reflexiva

La lectura reflexiva debe de nacer de un genuino y sincero deseo de cambio, leemos y reflexionamos en los preceptos de Dios porque queremos obedecerle, honrarle y servirle. El apóstol Pablo le aconsejó a los romanos lo siguiente: “Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Rom.12:1-2 NVI)

 Es interesante notar las diferentes traducciones de la biblia en una de las frases, veamos algunas de ellas:

  • NVI: “No se amolden al mundo actual”
  • LBLA: “No os adaptéis a este mundo”
  • DHH: “No vivan ya según los criterios del tiempo presente”
  • PDT: “No vivan según el modelo de este mundo”
  • RVC: “No adopten las costumbres de este mundo”
  • TLA: “No vivan ya como vive todo el mundo”

¿Cómo logramos entonces no adaptarnos a los criterios del tiempo presente? la respuesta es simple: sumergiendo nuestra vida en la revelación de la sagrada escritura. La clave del éxito en la empresa misionera de Josué tenía que ver con la palabra, Dios le dice: “Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche, para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito”(Josué 1:8 LBLA); el apóstol Pablo le dijo a Timoteo: “Mientras llego, dedícate a leer en público las Escrituras, a animar a los hermanos y a instruirlos”(1 Tim. 4:13 DHH). Si la palabra no es una prioridad en nuestra vida estaremos débiles y agobiados por los sinsabores de estos tiempos, seremos como metal que hace ruido y no seremos productivos para los intereses del Reino, ya que estos en esencia tratan de la sagrada palabra de Dios.

c) Por medio del estudio sistemático

En el campo misional es un imperativo impostergable el someter nuestra vida a un estudio sistemático y programado de las sagradas escrituras. El trabajo por el cual estamos en el campo trata de la Misión de Dios y esta valiosa Misión se encuentra revelada y detallada a lo largo de la Biblia, si la palabra no es la columna vertebral de lo que hacemos pues entonces no estamos haciendo misión. Las personas alejadas de la verdad no necesitan escuchar historias humanas, fabulas o cuentos de nuestra vida, es más ni aun nuestro testimonio de conversión es productivo para general un efecto real en nuestros oyentes, solo la palabra puede transformar la miseria de una vida y convertirla en un instrumento para la gloria de Dios.

Por lo tanto para dar de esa palabra viva necesitamos conocerla, entenderla, interpretarla y aplicarla de manera correcta; esto nos debe de llevar a una profunda reflexión para determinar si realmente estamos valorando la escritura y sobre todo poniéndola por obra, Santiago exhortó a los creyentes de su época y les dijo: ¡Obedezcan el mensaje de Dios! Si lo escuchan, pero no lo obedecen, se engañan a ustedes mismos y les pasará lo mismo que a quien se mira en un espejo: tan pronto como se va, se olvida de cómo era (Stg. 1:22-24 TLA). Necesitamos accionar lo más pronto posible en este punto, es menester tomar el tiempo para diseñar un estudio sistemático personal o familiar.

Si queremos que la semilla de la palabra crezca hasta producir frutos en nuestro campo ministerial antes debe de producirlos en nosotros y en nuestra familia.  La recomendación del apóstol Pablo a Timoteo aún está vigente para nosotros: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad” (2 Tim. 2:15 LBLA).

Palabras finales:

Finalizo resumiendo que el cultivo de nuestra comunión con Dios implica una oración transformadora, implica una lectura reflexiva y profunda del texto sagrado y se puede fortalecer a diario a través del estudio sistemático de la palabra. No permitamos el descuido en esta área, mas bien que nuestro corazón este sediento de Dios cada día.

Así como un venado sediento desea el agua de un arroyo, también yo, Dios mío, busco estar cerca de ti” (Salmo 42:1 TLA)

2 comentarios

  1. HEY FELIX, ES UN EXCELENTE ARTICULO. TE FELICITO POR DEJARTE USAR POR DIOS. ESTAS ESCRIBIENDO BIEN.
    TENES RAZON, SIN UNA COMUNION CORRECTA CON DIOS ESTAMOS FRACAZADOS. CADA DIA NECESITAMOS ESTAR (VIVIR) EN SU PRESENCIA PARA PERMANECER DE PIE. MI ORACION ES QUE NUNCA SE CONVIERTA EN UNA RUTINA SINO SIEMPRE SEA UNA NECESIDAD, UN PLACER.

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