La importancia del ministerio de enseñanza en la iglesia

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“M” Karen enseñando a jovenes en la Reserva de Bosawas, etnia Mayagna Sauni Bu

“Y sus malas enseñanzas se van extendiendo, como el cáncer. Así también lo han hecho Himeneo y Fileto. Ellos afirman que ya hemos resucitado, pero eso no es verdad, y lo único que logran es confundir a los creyentes”(2 Tim. 2:17-18 TLA)

Himeneo y Fileto son algunos de los nombres que se mencionan en las epístolas de Pablo a Timoteo, tales personajes son asociados con conductas inapropiadas, blasfemia y apostasía. En algún momento ellos fueron parte del equipo misional del apóstol, pero ahora, él debe de denunciarlos y advertir a los creyentes de la época acerca de su rechazo a la verdad. Prácticamente estos hombres se alejaron de la verdad de Dios y naufragaron en cuanto a la fe. En el primer siglo la iglesia tuvo que afrontar diferentes corrientes heréticas relacionadas con la magia, gnosticismo o las creencias de los Nicolaίtas (Hech.6:5; Ap.2:6); seguidamente en el segundo siglo la lucha con el gnosticismo continuó con  algunos nombres sobresalientes como Basílides, Carpócrates, Saturnino, Valentiniano o Marción; también surgieron otros grupos heréticos como los ebionitas, los encratitas o los seguidores de Marco el hereje; en el siglo tres la batalla apologética tuvo lugar con las falsas doctrinas del Montanismo, Maniqueísmo y  Monarquismo; y la lucha sigue en la historia hasta nuestros tiempos.

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Ahora en la actualidad en nuestro medio, encontramos innumerables réplicas de Himeneos y Filetos, me refiero a los pseudo ministros que se han apartado del texto sagrado y han corrompido los púlpitos con fábulas humanas y doctrinas de demonios, los cuales haciendo uso de la buena oratoria, carisma y en algunos casos de la sugestión mental o poderes de las tinieblas persuaden o seducen a las multitudes a sus perversos propósitos. El mandato de Jesús sigue siendo el mismo para nosotros: enseñar lo que él enseñó (enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado). Como líderes o ministros tenemos un enorme compromiso y responsabilidad en este momento de la historia, Dios nos lo demandara y nos pedirá cuentas. ¿Qué tan importante es el ministerio de la enseñanza dentro de nuestras iglesias? ¿Qué tan capaces son los creyentes de sostener su fe en un mundo postmoderno, pluralista y sincretista?.

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Los creyentes de hoy necesitan la palabra viva, el discipulado de Cristo, los preceptos, los mandamientos de Dios, la enseñanza completa, la doctrina bíblica. Es lamentable y triste ver como se pierde el tiempo en cosas vanas que no aprovechan para nada, es fácil darles a los creyentes dos o tres horas de diversión en los templos. En muchos contextos eclesiales existe activismo, buenos programas ministeriales, buenas estrategias pero no existe el consejo de Dios; se predica de cómo vivir en comodidad, de cómo multiplicar el dinero y ser prósperos, se predican mensajes motivacionales o psicológicos; en fin el mensaje se a vuelo antropocéntrico (centrado en el hombre) dejando de lado la gloria de Dios como el único y exclusivo objetivo de la exposición de la palabra. En la Biblia encontramos innumerables consejos y advertencias ante el peligro de apartarnos de la verdad y de profanar nuestros púlpitos con todo aquello que no sea la eterna, verdadera e infalible palabra de Dios. Veamos algunos de esos consejos:

  1. Notemos lo siguiente, hay que identificar y detener a quienes predican o enseñan el error doctrinal.                                                                                       -“Cuando me fui a la región de Macedonia, te pedí que te quedaras en la ciudad de Éfeso. Y ahora te lo vuelvo a pedir. Allí hay ciertas personas que imparten enseñanzas falsas. Ordénales que no lo hagan más (1 Tim.1:3 TLA)
  1. También hay que buscar la sabiduría de lo alto para entender en oración y con la ayuda de verdaderos maestros aquellas cosas difíciles de entender en la Escritura.                                                                                                                       – -Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición. (2 Pedro 3:15-16 NVI)
  • La herejía puede generar la destrucción de una congregación por lo tanto hay que estar vigilantes porque los falsos maestros siempre operan de manera encubierta y sutil. 
  • -En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción. (2 Pedro 2:1 NVI) 
  • El problema es que se han infiltrado entre ustedes ciertos individuos que desde hace mucho tiempo han estado señalados para condenación. Son impíos que cambian en libertinaje la gracia de nuestro Dios y niegan a Jesucristo, nuestro único Soberano y Señor. (Judas 1:4 NVI)
  • Si alguien enseña falsas doctrinas, apartándose de la sana enseñanza de nuestro Señor Jesucristo y de la doctrina que se ciñe a la verdadera religión, es un obstinado que nada entiende. Ese tal padece del afán enfermizo de provocar discusiones inútiles que generan envidias, discordias, insultos, suspicacias y altercados entre personas de mente depravada, carentes de la verdad. Éste es de los que piensan que la religión es un medio de obtener ganancias. (1 Tim.6:3-5 NVI)

¿Qué pasos podemos empezar a dar para traer de nuevo la Biblia a nuestros púlpitos?

Hoy más que nunca necesitamos colocar el fundamento de Cristo en nuestras comunidades de fe y en todos aquellos contextos donde tenemos la oportunidad de comunicar el consejo de la Escritura, veamos algunos pasos concretos y prácticos:

  1. Someternos a Dios para buscar su sabiduría y entendimiento para poder comunicar correctamente la palabra de verdad.
  • Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad (2Tim.2:15 NVI)
  1. Enseñemos constantemente la palabra a los creyentes y a nuestra familia . Démosle prioridad al ministerio del discipulado y enseñanza.
  • Tú anuncia el mensaje de Dios en todo momento. Anúncialo, aunque ese momento no parezca ser el mejor. Muéstrale a la gente sus errores, corrígela y anímala; instrúyela con mucha paciencia (2Tim.4:2 TLA)
  1. Desechemos todo aquello que ha usurpado el lugar de la Biblia en nuestros púlpitos, en otras palabras saquemos la basura que el diablo ha introducido en la iglesia.
  • Evita la palabrería estéril y profana que sólo conduce a una vida irreligiosa (2Tim. 2:16 BLPH)
  1. Volvamos a la predicación Cristocéntrica, que toda nuestra predicación y enseñanza exalten no a otro más que a Jesucristo.
  • Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado. Es más, me presenté ante ustedes con tanta debilidad que temblaba de miedo. (1 Cor.2:2-3 NVI)
  1. Enseñemos todas las cosas que él (Cristo) nos mandado, es decir, todo el consejo de Dios.
  • Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Mateo 28:20 LBLA)
  1. Evaluemos lo que estamos enseñando, nuestros materiales de discipulado y enseñanza, que la Biblia misma sea nuestro filtro radical.
  • Todos los miembros de la iglesia son como un edificio, el cual está construido sobre la enseñanza de los apóstoles y los profetas. En ese edificio Jesucristo es la piedra principal. (Efe.2:20 TLA)
  1. Diseñemos un programa de enseñanza para nuestra iglesia o para nuestra familia, abramos un grupo de estudio en nuestros hogares, llenemos nuestras comunidades con el mensaje del evangelio.
  • Y decidieron vivir como una gran familia. Y cada día los apóstoles compartían con ellos las enseñanzas acerca de Dios y de Jesús, y también celebraban la Cena del Señor y oraban juntos. (Hech.2:42 TLA)

Palabras finales:

Que Dios nos ayude a escapar de la ignorancia bíblica y de los falsos maestros . ¡Volvamos al texto sagrado! Encontrémonos con Cristo y digámonos como el apóstol Pablo “Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado” (1 Cor.2:2 NVI). Imitemos a los creyentes nobles de Berea quienes de buena gana recibieron el mensaje, y día tras día estudiaban las Escrituras para ver si era cierto lo que se les decía (Hechos 17:11).

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