Pensamientos sobre el llamado al ministerio

tem92_ministerio20Hay días en que quisiera no acordarme más de ti ni anunciar más tus mensajes; pero tus palabras arden dentro de mí; ¡son un fuego que me quema hasta los huesos! He tratado de no hablar, ¡pero no me puedo quedar callado! (Jer.20:9)

Este breve artículo es para aquel joven o señorita que se pregunta: ¿Qué tengo que hacer si sé que Dios me ha hecho un llamado a servirle en el ministerio? ¿Qué pasos debo de dar?

Tengo el privilegio de tener muchos jóvenes amigos y ministros con quienes he tenido el privilegio de compartir  una buena comida o un buen café, hemos tenido la oportunidad de conversar sobre el escenario previo al salir al campo ministerial a servir a tiempo completo; hemos coincidido que previo a dar lo que llamamos el “gran salto” se puede presentar una etapa de crisis personal o familiar en caso de que estemos casados y uno de los dos no comparta la visión de una vida de ministerio pleno.

La crisis puede generar: ansiedad, desesperación, confusión, duda o temor. Básicamente sabemos que Dios nos está llamando fuertemente a una entrega completa al Santo Ministerio, pero a la vez nos sentimos incapaces o atemorizados porque no sabemos cómo responder o que hacer ante la convocatoria divina. En el Antiguo Testamento con mucha frecuencia Dios decía “No temas” a aquellos a quienes les estaba asignando una tarea específica, él sabía de antemano que su llamado podía generar temor en sus siervos, sin embargo él mismo se encargaba de darles la certeza de su respaldo y su autoridad. Ejemplos:

  • No tengas miedo, Abram, porque yo soy tu protector (Gen.15:1)
  • Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo (Gen.26:24)
  • Y Jehovah dijo a Moisés: “No le tengas miedo (Num.21:34)
  • Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes (Deut.1:21)
  • Y Jehovah me dijo: “No le tengas miedo” (Deut.3:2)
  • ¡Esforzaos y sed valientes! No tengáis temor ni os aterroricéis de ellos, porque Jehovah tu Dios va contigo. Él no te abandonará ni te desamparará (Deut.31:6)

Es por tal razón que en esta oportunidad he querido presentar algunas pautas o indicadores para poder dar el gran salto a la maravillosa aventura de estar en el campo de acción de Dios. Quiero aclarar que las pautas no son estrictas o inflexibles, al contrario, sencillamente fueron el producto de las conversaciones con muchos jóvenes ministros que pasaron por esta etapa y que ahora se encuentran sirviendo en el campo de una manera plena y bajo la certeza de estar haciendo lo que Dios les ha llamado a hacer. Para poder entonces tener un poco de claridad en relación al llamado ministerial será necesario tomar en cuenta los siguientes elementos.

  1. Descubrir nuestra vocación: me refiero a la vocación otorgada por el Padre, recordemos que todo lo que hagamos en la obra de Dios es como un eslabón que une la cadena de su plan perfecto, él es quien reparte capacidades especiales y ministerios a sus hijos a fin de que podamos extender su Reino. Al hablar de vocación me refiero también a la necesidad urgente de poder entender nuestra misión, es decir, tener claridad de aquello a lo que Dios nos está llamando, llámese esto una vocación evangelizadora, de enseñanza, pastoral, etc. La Biblia habla de diferentes dones o capacidades que son otorgadas a sus hijos. Los dones son solo por su gracia, soberanía, misericordia y para su gloria. Notemos algunos elementos extraídos de los siguientes versículos:

         Rom.12:4-8/ Ef.4:11-16

  • Existe diversidad de dones y ministerios
  • Los dones y ministerios producen cohesión, complementación y unidad en el cuerpo de Cristo, no son para competir, hacer rivalidad, provocar división o buscar nuestra propia vanagloria
  • La diversidad de dones es por la gracia y soberanía de Dios, esta diversidad de capacidades especiales incluye diferentes áreas como lo son: área profética, servicio, enseñanza, motivar y animar a los creyentes, compasión y misericordia hacia los más necesitados, ministerio apostólico, evangelístico, misionero o pastoral, música, entre otros.

El descubrimiento de la vocación por lo tanto es el primer paso para empezar a determinar el rumbo de nuestra vida ministerial, veamos el segundo elemento:

  1. Descubrir el lugar al cual Dios nos está llamando: el primer lugar donde Dios nos llama a ejercer nuestro ministerio es en un nuestro hogar, luego naturalmente esta la iglesia. Algunos quieren ir a evangelizar a grupos de musulmanes radicales en Asia pero tristemente nunca han compartido su fe con sus familiares o amigos, es como querer ir a la universidad si haber aprendido a leer y escribir. Conozco muy buenos amigos que se desarrollaron ministerialmente en el contexto de una iglesia local, ahora muchos de ellos son grandes ministros con ministerios fructíferos. Algunos de ellos fueron atraídos por la necesidad del evangelio de un determinado lugar, otros recibieron de Dios una instrucción clara y verídica sobre un país específico al cual debían ir, pero también conozco otros a quienes Dios les encomendó un ministerio nacional apoyando a iglesias en diferentes áreas.

Dios opera de una manera dinámica y exclusiva para cada uno de sus enviados, no existe un molde cuadrado del que podamos decir “esta es la única forma en la que Dios comunica su llamado ministerial a sus siervos”. Nuestro deber por lo tanto es estar conectados a esa fuente de comunión con el padre para poder escuchar esta delicada e importante instrucción sobre el lugar al cual debemos de ir. Lo importante pienso que no será el lugar sino más bien nuestro nivel de disposición, entrega y obediencia al llamado de Cristo. Ejemplos en la Biblia sobre este aspecto:

  • Adán y Eva: Dios los puso en el huerto y les dio instrucciones sobre la misión, ellos fallaron y ocasionaron un caos global a causa de su desobediencia (Gen.2:15-21)
  • Abraham: Dios al principio no le dio instrucciones sobre el nombre de un lugar específico, solo lo llamo a caminar por fe y le aseguro que en el camino le iría mostrando detalles acerca de su llamado (Gen.12)
  • Noé: Dios lo llama a trabajar en su propio contexto y le da instrucciones específicas acerca de la construcción del arca (Gen.6)
  • Moisés: Dios le asigna una misión liberadora dentro de su propio contexto geográfico (Ex.3)
  • Jonás: Dios le envía a Nínive en una misión de proclamación de juicio y misericordia, pero él se rehúsa a ser un instrumento de bendición  para sus contemporáneos.

En caso de estar pensando salir a un contexto transcultural lo mejor será buscar la dirección de Dios para conocer el lugar y empezar a investigar al respecto, Dios es perfecto y si le buscamos en oración y ayuno sabrá orientarnos con amor y firmeza.

  1. Descubrir el tiempo de Dios: discernir el momento divino para dar el gran salto, al hablar de dar el gran salto no me refiero al hecho de estar pasivos esperando que un día Dios nos diga: “Pedro, irás a la China comunista la próxima semana”, ese sí que es un gran salto. La mejor clave o camino para entender el tiempo perfecto de Dios se encuentra en una realidad muy sencilla, ¿Cuál es esa realidad?, ahora les explico, trata sencillamente de encontrarnos saltando, en otras palabras estar activos haciendo ministerio en nuestras iglesias locales. Déjenme y les explico con el siguiente ejemplo:

Captura-de-pantalla-2011-06-25-a-las-16.40.54Imaginemos que estamos haciendo una rutina de ejercicio para estar saludables, tenemos en nuestra mano una cuerda y empezamos a saltar de manera tranquila mientras nuestras piernas entran en calor, de pronto hemos tomado ya un buen ritmo de salto y podemos permanecer en un mismo nivel de intensidad,  después de unos pocos segundos nuestros músculos están tan calientes y adaptados a la rutina que empezamos a dar saltos mucho más fuertes e intensos. Pregunto: ¿podemos determinar el momento exacto cuando cambiamos el ritmo o nivel de intensidad en los saltos? Probablemente que si o probablemente que no, el punto es que de manera natural, secuencial y lógica entramos en un nuevo nivel de ejercicio y de intensidad. Siempre estuvimos saltando pero la intensidad de los saltos se genera con naturalidad.

 En el tema de identificar el tiempo perfecto de Dios para dar el gran salto es un tanto similar a este ejemplo, nuestro deber y responsabilidad es estar en constante movimiento, saltando ministerialmente, es decir estar activos en el ministerio desarrollando nuestras capacidades para los intereses del Reino, de pronto conforme al propósito divino para nuestra vida nos daremos cuenta que ya estamos en el “gran salto”. Dios nos irá promoviendo en base a su plan e irá abriendo puertas que nosotros no podemos imaginar.  La Escritura nos enseña que en sus manos están nuestros tiempos (Salmo 31:15), también nos enseña que somos hechura suya, y que fuimos creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas (Efesios 2:10). Finalmente podemos descansar en los siguientes versículos de la Biblia:

  • Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin (Ecl.3:11)
  • Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.

Palabras finales:

Descubrir nuestra vocación, descubrir el lugar y discernir el tiempo perfecto de Dios solo son elementos básicos que nos pueden dar un poco de luz en cuanto al llamado ministerial. Lo mas importante pienso que es la disposición de obediencia, estar dispuestos a ir donde el Jefe nos envíe; sus pensamientos no son los nuestros ni sus caminos nuestros caminos, una de las ordenes mas difíciles de obedecer es “sígueme”  ya que siempre seguirle implica una renuncia a nuestros propios intereses y planes personales o familiares, no obstante tenemos que entender que no existe profesión más grande, honorable y de mayor trascendencia eterna que la de ser ministros de Dios.

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