Las tres cosas que nos hicieron llorar 

PRIMERO: EL ABRAZO DE DESPEDIDA EN EL AEROPUERTO

“No me detengáis, ya que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme para que me vaya a mi señor.”
(Génesis 24:56)

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Para mi esposa fue y es ya una experiencia constante, cuando ella viajó en el corto y mediano plazo a diferentes países tuvo que afrontar las nostálgicas despedidas con sus amigos y familiares. Pero creo que la despedida más difícil para ella fue cuando unimos nuestras vidas en matrimonio en su país y posteriormente me acompaño para vivir en el mío; aún recuerdo ese día tan difícil cuando su padre la fue a despedir a la estación de bus de su provincia, con el rostro triste y sus ojos penetrados de nostalgia se fundieron en un emotivo abrazo. Ahora bien, previo al viaje a este lado del mundo, mi esposa me decía: “Lo he de ver llorando en el aeropuerto y se dará cuenta lo que se siente”, a lo que yo respondía: “¡No lloraré, el tiempo pasa rápido, y además no hay porque llorar!”. La realidad fue que previo al viaje me ahogué muchas veces en medio de mi llanto al pensar que estaría lejos de mi familia, de mis amigos y sobre todo de las pupusas y del pollo campero. Pero bien, el día se llegó y allí estábamos junto con mi familia más cercana, fundiéndonos en un conmovedor abrazo de despedida; solo quedaba subirnos pronto al enorme pájaro volador para tratar de dormir lo más pronto posible y escapar un poco del golpe emocional de una despedida. El abrazo de despedida solo fue en realidad  el inicio de una aventura de peregrinaje.

comida

SEGUNDO: LA COMIDA PICANTE A BASE DE CONDIMENTOS

Cuando Dios le dijo a Abraham “sal de tu tierra y tu parentela” también implicaba indirectamente “deja la comida que amas”. Las primeras semanas la comida sabe súper bien, queríamos descubrir toda la gastronomía de Asia e identificar nuestros menú favorito, muchas veces nos equivocamos al ordenar algo de comer, recuerdo que un día estaba muy hambriento y pedí un plato con un nombre muy extraño y para mi mala suerte me sirvieron unas semillas de maní y unos pescaditos fritos milimétricos, en otra ocasión nos sirvieron viseras de cabro fritas y adobadas con especies orientales, realmente estaban deliciosas. Los momos son realmente sabrosos, son bolitas de harina rellenas con pollo, vegetales o carne de búfalo  y se acompañan con una salsa llamada Masala, realmente son exquisitos, aunque después de tres meses de intentar adaptarnos a la comida local nuestro organismo ha empezado a rechazar la comida, hemos perdido el apetito y nos hemos enfermado un par de veces, la ventaja es que los latinos tenemos estomago de doble tracción. La pequeña ovejita es quien más ha sufrido en esta área, se nos infectó con una bacteria intestinal a causa de la comida, muchas veces también a llorado al sentir los efectos de los condimentos asiáticos; la frase más común de ella es: “Papi pica, pica, pica, agua, agua, agua po-favoy”.

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TERCERO: LAS FRASES DE NUESTRA PEQUEÑA OVEJITA

Estas son algunas de las frases que nos han conmovido durante este tiempo:
“Papi bájame del avión porque me da miedo”
• “Papi llévame a ver a mi abuela y a mi abuelo”
• “Papi vámonos para la casa (su país de origen) porque aquí es bien feo y no me gusta”
• “Papi yo quiero comer pupusas” (platillo típico)
• Papi: ¿Cuándo nos vamos a ir?

La ovejita fue arrancada de su cultura, familia, amiguitos (as) y de su comida preferida. Nuestro desafío es enseñarle la Palabra y darle ejemplo de una vida de servicio a los demás. Ya en el camino Dios cumplirá su propósito en ella, y por su puesto ella deberá tomar sus propias decisiones de acuerdo a la vocación que Dios le asigne para su proyecto eterno.

Nada de lo que nosotros hagamos se podrá comparar con lo que el maestro hizo por nosotros en la cruz; nuestras vidas deben de estar alineadas a su plan eterno, ciertamente existe un costo en lo que hacemos para su causa, no obstante aún en ese costo Dios sostiene a sus hijos y a sus siervos asistiéndoles con su Palabra viva y con el poder de su Espíritu, a veces equivocadamente decimos ¡Quiero hacer grandes cosas para Dios!, el punto más bien es entender que Dios siempre ha hecho grandes cosas y sigue ejecutando su plan y en su gracia soberana nos llama a la salvación y nos asigna una responsabilidad en el Reino, tal responsabilidad tiene una única y majestuosa meta: ¡SU GLORIA!. Por lo tanto aunque seguiremos llorando por nuestra familia, por los condimentos de la comida y por las frases y preguntas de la ovejita, nada será tan costoso como lo que Cristo hizo por nosotros. Es por tal razón que vale la pena servirle.

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