La contemplación: una disciplina olvidada

DSC_5092“Ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días” (Gal.1:17-18)

Si pudiéramos describir con una palabra nuestro entorno actual, seguramente esta sería la palabra “ruido”. Todo a nuestro alrededor es ruido, los avances tecnológicos han generado una sociedad ruidosa. Si entramos al Internet por ejemplo la mayor parte de nuestro tiempo la ocupamos en escuchar ruidos, leemos la vida de las personas en las redes sociales, interactuamos cada día y nos esforzamos por ser fieles a nuestro ritual de estar conectados con el mundo a través de un simple clic. En la antigüedad muchos de los grandes ministros de Dios, llámense estos teólogos, escritores, predicadores o maestros, dedicaron gran parte de su vida a una importante disciplina llamada “contemplación”. Tal contemplación consistía en abandonarse en la intimidad con Dios, viéndole con los ojos de la fe y meditando así en sus obras magnificas.

El apóstol Pablo luego de su conversión a Cristo fue impulsado para alejarse en oración profunda durante un tiempo a Arabia. La vocación y el llamado que le habían sido otorgados por Dios le llevaron al entendimiento de que la mayor prioridad en la vida de un discípulo estaba fundamentada indiscutiblemente en una vida de comunión y búsqueda.
Quiero de manera sencilla enumerar algunos de esos resultados asombrosos que se obtienen en ese maravillosos lugar de quietud donde podemos contemplar a Dios.

1. Caridad y piedad

Uno de los frutos que se producen detrás del velo de la disciplina de la contemplación es la caridad y la piedad. La piedad genera que nuestra vida sea una expresión de caridad hacia los demás, Pablo es un ejemplo contundente de una vida piadosa y caritativa.

“Tres cosas hay que son permanentes: la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante de las tres es el amor” (1 Cor.13:13)

2. Servicio desinteresado hacia nuestro prójimo

Conocer a Dios nos llevará a estar más cerca de las personas para poder servirles de una manera desinteresada, no viéndoles como objetos de manipulación si nos mas bien viéndoles como personas creadas a la imagen y semejanza de Dios.

“No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos” (Gal.6:9)

3. Santificación y purificación

Mientras más cerca estemos contemplando al Señor más consientes nos volveremos de nuestra suciedad. Pablo decía…

“Como tenemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de nuestra santificación” (2 Cor.7:1)

4. Restauración y renovación

No podemos ser renovados sin antes haber sido restaurados, el camino del ministerio conlleva marcas de sufrimiento. Tales marcas, únicamente pueden encontrar reparo en la presencia de Dios.

“…Mas yo haré venir sanidad para ti, y te sanaré de tus heridas, dice Jehová, (Jer.30:17)

5. Temor a los preceptos divinos

La reacción que tengamos hacia su Palabra en alguna medida será proporcional al conocimiento que tengamos de él. Si realmente estamos cultivando nuestra comunión en el lugar secreto, el efecto de sus preceptos será totalmente diferente en nosotros. Podremos decir como el salmista…

“En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti” (Sal.119:11)

6. Fe en el camino del sufrimiento

Hay una oración olvidada, la cual en la antigüedad era la fortificación de los grandes ministros de Dios a lo largo de la historia, tal oración se resume en la siguiente frase “…Danos fe para sufrir por Cristo”. Tarde o temprano hemos de ser alcanzados por la prueba y solamente lo único que necesitaremos será estar asidos de Cristo por medio de la fe.

“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Rom.1:17)

7. Urgencia de evangelización mundial

La contemplación de Dios hará que nuestro velo de indiferencia sea quebrado por el poder de su luz y como consecuencia seremos llevados hacia una nueva manera de ver al mundo. Escondernos en el corazón de Dios nos hará entender de manera profunda nuestra responsabilidad inexcusable acerca de la evangelización mundial.

“A éstos Dios se propuso dar a conocer cuál es la gloriosa riqueza de este misterio entre las naciones, que es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria” (Col.1:27)

Palabras finales:

Es menester meditar en nuestro caminar diario y disponernos para hacer un alto urgente, nuestro amado creador nos anhela celosamente, en su secreto encontraremos respuestas a nuestras inquietudes, encontraremos descanso para nuestra alma fatigada y encontraremos fuerzas para continuar con nuestra tarea acá en la tierra. ¡Volvamos a la disciplina de la búsqueda y la contemplación y permitamos que sus suaves susurros refresquen nuestra alma!

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