Soledad y ansiedad: una realidad en el campo

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“Aun si voy por valles tenebrosos,
no temo peligro alguno
porque tú estás a mi lado;
tu vara de pastor me reconforta”
(Sal.23:4 NVI)

Los primeros tres meses en el campo son turismo pleno, exploración de la gastronomía local, diversión, exploración, shopping. Es una especie de primera luna de miel la cual se disfruta y lo que menos uno se imagina es que un día se va a terminar, ese día dependerá de muchos factores, algunos tienen que ver con el obrero y su forma de reaccionar a los cambios y otros tienen que ver con su entorno inmediato. De manera que al terminar la primera etapa de la luna de miel empieza a suceder algo inesperado pero no ignorado o desconocido, me refiero a las primeras reacciones en nuestro proceso de adaptación. Como familia hemos batallado y lo seguimos haciendo a la fecha, hemos experimentado muchos sentimientos y emociones que antes solo eran una sombra teórica poco realista. Veamos dos de ellos…

***

Soledad

Quizás este ha sido el elemento mucho más complicado de abordar en el campo, lamentablemente en los centros de formación misiológica nunca nos enseñaron como manejar los sentimientos depresivos y la soledad que se experimenta. Es muy raro estar rodeado de gente y sentirte completamente solo y deprimido. Junto con mi esposa (mi sierva le digo yo) hemos enfrentado en estos primeros meses el peso destructivo de la soledad, ha habido noches que se han tornado interminables, muchas veces nos hemos despertado con ansiedad, con la sensación de estar en una pesadía de espanto. Este es un sentimiento nuevo y agobiante pero a la misma vez que lo experimentamos somos impulsados a buscar la fuente inagotable de descanso y reposo. Es muy curioso pero las personas en tu país de origen muy fácilmente pueden olvidar el poder de la comunicación con aquellos que estamos en el campo. No es que tratemos de parecer víctimas, sino más bien que esta realidad nos ha llevado a reflexionar en algunos elementos necesarios que tenemos que aprender todos los que estamos involucrados en misión.

  • El obrero de campo: debe de entender que no está solo y que la fuente de reposo y descanso se encuentra en la presencia de Dios.
  • La iglesia enviadora: debe de recodar que la comunicación con los obreros es de vital importancia para que el obrero enfrente de una mejor manera el choque cultural. No se trata solamente de comunicarse para saber si ha habido avances ministeriales o cualquier otro resultado en el campo.
  • La familia del obrero: el rol de la familia también es trascendental para un efectivo y saludable proceso de adaptación en el campo. La familia debe de estar conectada con el obrero, pendiente del desarrollo de su proceso de adaptación. En conclusión las frases claves son “dependencia de Dios” y “comunicación efectiva constante”.

***

Ansiedad

¡Qué difícil ha sido conciliar el sueño en estos primeros meses! Nuestra cabeza ha sido un laberinto sin salida, en nuestras mentes se cruzan todos esos elementos naturales que pueden generar preocupación, algunos de ellos son:

  • Buscar un Playgroup para nuestra nena (y pensar que en la mayoría de ellos enseñan por ley la religión oficial, aparte de eso tienen programas para enseñar yoga y artes marciales). Esto sí que ha sido un verdadero elemento de preocupación.
  • La presión de aprender idiomas: solo al llegar al campo y tratar de sobrevivir en el diario vivir nos bastó para descubrir la enorme preparación que necitábamos para poder venir a este país. A veces pensamos que fue un error venir sin saber inglés; pero luego reaccionamos y nos damos cuenta que no tenemos tiempo para lamentarnos así que nos auto motivamos para buscar formas creativas de aprendizaje.
  • Las preguntas de nuestros contactos: este factor nos ha generado ansiedad, de pronto un contacto muy bien intencionado nos pregunta acerca de los resultados en el área de la evangelización; por ejemplo un buen amigo a los tres meses de estar aquí me pregunto si ya habíamos evangelizado o alguna persona.
  • Las tareas de la vida cotidiana: me refiero a aprender a navegar en este furioso océano cultural, tener que ir a hacer trámites a los hospitales en medio de la batalla del idioma, batallar con los taxistas que quieren cobrar el impuesto fantasma y diabólico para el extranjero. Ocuparse que cosas que parecen sencillas pero que pueden ser un verdadero dolor de cabeza como por ejemplo luchar contra los apagones de energía, pelear frecuentemente en las oficinas de servicio de Internet para lograr un buen servicio, batallar cada día con el sistema de agua potable, si usas más agua de lo normal y te bañas todos los días viene el landlord y te regaña.
  • La sensación de no estar haciendo ministerio: el punto es que tú vienes al campo habiendo tenido en tu país un ritmo ministerial muy normal, le llamo muy normal al hecho de estar involucrado en una iglesia local ya sea como pastor principal o líder. Al llegar al campo parece que el concepto de ministerio se destruye o toma un giro diferente y pasa a tomar prioridad todo lo que tiene que ver con la vida doméstica. En este sentido una de las claves ha sido ver a tu alrededor y darte cuenta que ministerio simplemente es todo aquello que haces para bendecir a las personas.

Palabras finales
La soledad y la ansiedad seguramente seguirán insistiendo para hacer hogar con nosotros. Por nuestra parte necesitaremos la ayuda de Dios para aprender a batallar y a manejar todos los elementos negativos que quieren robarnos la paz. El apoyo de las iglesias por medio de sus oraciones sigue siendo determinante para seguir en pie. Podemos estar confiados en que Dios tiene cuidado de sus hijos y que las mismas aflicciones se cumplen en todos aquellos que hacemos misión en cualquier parte del mundo. No permitamos que la soledad y la ansiedad destruyan el placer de disfrutar el servicio a Dios y a nuestros semejantes.

“Así que pongan sus preocupaciones en las manos de Dios, pues él tiene cuidado de ustedes”
(1 Pd.5:7 TLA)

“No se preocupen por nada. Más bien, oren y pídanle a Dios todo lo que necesiten, y sean agradecidos. 7 Así Dios les dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo”

(Fil.4:6-7 TLA)

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