La iglesia ante el mal de las pandillas

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Ustedes son como una luz que ilumina a todos… (Mat.5:14-16 TLA)

Estamos ante uno de los momentos más críticos en la historia de nuestro país, las estadísticas de crímenes con lujo de bestialidad son alarmantes, los pandilleros están controlando todo el territorio y hasta aun los mismos policías están pidiendo seguridad a los mismos delincuentes. Los pandilleros están armados y la influencia de estos, como ya es sabido de todos, ha llegado a las instancias públicas generando así un panorama realmente preocupante, polarizado y entristecedor. Se estima que más de la mitad de asesinatos en nuestro país son atribuidos a estos grupos pandilleriles. Esto constituye una guerra abierta quedando en el medio una sociedad que muere cada día y que se hunde en el odio y en el deseo de tomar armas de venganza en sus propias manos.

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A esto se le suma la incompetencia de los gobiernos, quienes con mensajes populistas que endulzan el oído para hechizar a sus votantes llenan de falsas esperanzas a la sociedad. Tal sociedad cansada de la cobardía e incompetencia del gobierno decide tomar la justicia en sus propias manos generando así el efecto multiplicador del odio y la hecatombe social. Los funcionarios públicos pueden gozar de cuatro o más guardaespaldas o incluso un batallón que les proteja, pero los universitarios, los trabajadores y la gente honrada están siendo asesinados como perros a manos de seres irracionales enajenados, llenos de odio y resentimiento.

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¿Quién es el culpable? ¿A quién le echamos la culpa del caos de inseguridad que vivimos? Si responde el teólogo hará una exégesis acerca de la Hamartiología y nos llevará a la conclusión simple y obvia que toda clase de mal ha sido producto de la caída de Adán quien por su desobediencia introdujo la muerte y maldad al mundo. Si responde el sociólogo hará un análisis acerca de la pobreza, exclusión social, fragmentación social, efectos de la globalización, secuelas del conflicto armado de nuestro país en los años 80 etc. Podemos estar seguros que culpables siempre habrá; sin embargo considero que es mucho mejor orientar nuestro pensamiento a la búsqueda de soluciones sostenibles para contribuir a la construcción de una sociedad pacífica o una cultura de paz.

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La iglesia evangélica sigue contribuyendo a la transformación social a través del ministerio de la predicación del evangelio. Hemos visto muchos casos en el que se conoce de criminales que han sido transformados por el poder del evangelio. Pero la realidad es que aún falta mucho por hacer, gracias a Dios la proclamación del evangelio de Cristo continúa transformando vivas y restaurando hogares; no obstante, por momentos pareciera que muchas de las iglesia en nuestro contexto están más afanadas o enfocadas en la construcción de reinos terrenales, en el endiosamiento de hombres que alejados del verdadero conocimiento de Dios se autoproclaman los regentes divinos o vicarios evangélicos seduciendo a las multitudes de feligreses a sus propios deseos pecaminosos y alejándolos de la verdadera misión a la cual Cristo mismo nos invitó (Mat. 28:19-20)

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Considero que la iglesia cristiana evangélica en nuestro país debe de apresurarse a tomar un papel más protagónico en la creación de plataformas y planes unificados y fundamentados en las Sagradas Escrituras para poder contribuir y proveer esperanza y consuelo a los miles de salvadoreños que sufren el látigo inhumano de las pandillas. Para ello será necesario que los principales líderes denominacionales tomen la iniciativa de sentarse y orar juntos para escuchar la vos de Dios a fin de poder entender como la iglesia puede incidir en este mal social. Si es que en verdad amamos a Dios y a nuestro prójimo el liderazgo eclesial evangélico debe de superar diferencias doctrinales que nos han mantenido divididos durante años y ponerse de acuerdo para hacerle frente a este mal que nos esclaviza.

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El trabajo hacia la niñez es otro de los elementos que debe de ser tomado con la mayor seriedad posible, la iglesia debe de examinar sus programas de discipulado de nuestros niños, y ver si nuestros programas están siendo contextualizados a nuestra realidad social, podemos introducir en la mente de nuestros niños muchísima información teológica y esto sin duda será de mucho provecho pero a la vez debemos de enseñarles a nuestros niños el respeto a nuestros semejantes, el valor de la vida, la centralidad del amor hacia los demás. Si los pandilleros están reclutando niños en las escuelas y poniendo armas en sus manos, es hora de que la iglesia de Cristo empieza a tener un rol más agresivo y contundente para reclutar a nuestra niñez y poner la palabra de Dios en sus corazones y solo así podremos ver resultados sostenibles en el largo plazo.

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Finalizo expresando mi convicción rotunda en que Cristo es la esperanza del mundo para nuestras sociedades, y esa esperanza se vuele palpable y objetiva cuando la iglesia decide salir de sus cuatro paredes para poder reconstruir las ruinas de nuestra sociedad. Hoy más que nunca necesitamos líderes de la talla de Nehemías que interpreten el cometido misional en función de la gloria de Dios y del bienestar de nuestros semejantes, uniéndose para apaciguar el dolor y el sufrimiento de todos aquellos que están intimidados y esclavizados del efecto de las pandillas.

Tu pueblo reconstruirá las viejas ruinas
y afianzará los cimientos puestos hace siglos.
Llamarán a tu pueblo:
“reparador de muros caídos”,
“reconstructor de casa en ruinas”. (Is.58:12 DHH)

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