Desastres naturales: una oportunidad para la iglesia 

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“Ustedes son la luz de este mundo. Una ciudad en lo alto de un cerro no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para ponerla bajo un cajón; antes bien, se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo” (Mt.5:14-16 DHH)

Concepto de vulnerabilidad

Según algunas entidades de protección civil, la vulnerabilidad puede definirse como la capacidad reducida de una persona o un grupo de personas para anticiparse, hacer frente y resistir a los efectos de un peligro natural o causado por la actividad humana y para recuperarse de los mismos. Muchos han llegado a establecer que la vulnerabilidad esta íntimamente relacionada con la pobreza y que más bien la pobreza genera un estado vulnerable en individuos o comunidades.

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Si bien es cierto, el grado de vulnerabilidad de las personas o grupos dependerá del grado de capacidad que puedan tener para poder anticiparse, resistir y enfrentar peligros y así mismo poder recuperarse  de cualquier tipo de catástrofe natural. Según los analistas, muchos de los factores que determinarán el grado de vulnerabilidad  serán factores físicos, económicos, sociales y políticos. Según la Federación Internacional de Sociedades de La Cruz Roja, los grupos más vulnerables en los desastres son los siguientes:

  • Personas desplazadas que han abandonado su hogar y sus medios de subsistencia pero permanecen en el territorio de su país.
  • Refugiados que han huido a otro país por temor a ser perseguidos o por razones de supervivencia.
  • Repatriados: antiguos refugiados o personas desplazadas que vuelven a su hogar.
  • Grupos específicos en el seno de la población local, como personas marginadas, excluidas o desposeídas.
  • Niños pequeños, mujeres embarazadas y madres lactantes, niños no acompañados, viudas, personas mayores sin apoyo familiar y personas discapacitadas.

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En el caso de Nepal, luego del terremoto del pasado sábado 25 de abril, las calles quedaron llenas de afectados, estos en su mayoría pertenecen a las castas más bajas, son personas víctimas de la exclusión social ya sea por razones políticas o religiosas, aparte de ello, nuestros vecinos tibetanos han quedado profundamente afectados. “El pueblo del Tíbet carece de derechos como otros residentes, no poseen tarjetas de identidad. No tienen Estado propio y por lo tanto son invisibles” (Rani Singh). Según algunos informes emitidos desde los noticieros de Nepal, muchos tibetanos han quedado sin escuelas, sin agua potable y extremadamente lejos de las labores de rescate.

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¿Cómo la iglesia puede servir a los más vulnerables en el contexto de desastres naturales?

  • Antes

En primer lugar debo de decir que si la iglesia forma parte de una comunidad no debe de aislarse y desconectarse de su realidad. Considero entonces, que la iglesia local puede organizar un equipo o un comité de apoyo comunitario que se enrole con las directivas comunales para trabajar en el desarrollo de un plan de protección civil como respuesta a un posible desastre natural. Desde una estructura comunal se puede gestionar la capacitación técnica para conocer más fondo el camino a seguir ante un posible desastre.  Un buen punto entonces, es que la iglesia junto con la comunidad conozca su nivel de vulnerabilidad ante cualquier tipo de calamidad y pueda así organizarse, informarse y tomar los primeros pasos de acción. Por ejemplo si nuestras comunidades son vulnerables a inundaciones, la iglesia y la comunidad pudieran organizarse y planear juntos la mejor estrategia que les permitirá enfrentar cualquier tipo de situación de manera efectiva.

  • En el momento

De acuerdo al tipo de desastre y las capacidades de la comunidad se debe de atender a las víctimas, ya sea en tareas de rescate, dando primeros auxilios; a propósito sería muy atinado gestionar la capacitación en primeros auxilios en nuestra comunidad y que los jóvenes de nuestras iglesias sepan cómo atender a las víctimas. Considero que ésta es una importante forma de servir a las personas.  Generalmente las personas que han perdido familiares después de un desastre necesitan atención psicológica de manera urgente. En este sentido la iglesia puede disponer de un equipo para atender a las personas con daños emocionales o en caso de no tener gente profesional en el área, puede tener una lista de personas profesionales a quien acudir.

Recuerdo hace algunos años en una comunidad de Oriente, acerca de una iglesia local  quien junto con su comunidad había organizado una campaña médica, en dicha campaña llevaron a una mujer adulta completamente desesperada con distintos problemas, la mujer lloraba y mostraba mucha ansiedad y angustia. Ante tal cuadro se necesitaba por lo menos una persona especializada para abordar el caso desde un punto de vista psicológico. Para mi suerte uno de mis compañeros de trabajo me jugó la broma de decir que yo era psicólogo, y en los siguientes diez minutos me encontraba rodeado de líderes comunitarios para pedirme que improvisara un consultorio para atender a este tipo de personas. Esta experiencia me llevó a reflexionar en el hecho de que nuestras iglesias necesitan  estar preparadas para atender estas situaciones. Recordemos que no siempre tendremos la ayuda inmediata del gobierno en situaciones de desastre, entonces será más efectivo echar mano del valioso recurso humano con el que contamos en nuestras comunidades de fe.

  • Después

Con la ayuda o la asesoría profesional se debe de evaluar los daños psicológicos en la población afectada y se debe de crear un plan para poder atender a personas con traumas. Los expertos dicen que el daño psicológico en las personas requiere de un proceso largo de restauración y en este sentido el involucramiento de la iglesia será clave en la transformación de estas situaciones.

Palabras finales: 

Creo que una de las satisfacciones mayores en la vida discipular tiene que ver con esas oportunidades que tenemos de servir a las personas en nuestras comunidades. Por lo tanto una de nuestras responsabilidades cristianas debe de consistir en la contribución a la transformación de situaciones de crisis. Nuestras iglesias locales deben de ver a sus  alrededores para identificar a los más vulnerables y buscar formas concretas y creativas para ayudarles a cambiar su situación. Estoy completamente seguro que si tuviéramos como iglesia una visión mucho más amplia acerca de las implicaciones reales del evangelio en la vida de las personas, tendríamos una sociedad y un país diferente.

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