Sufrimientos, padecimientos, privaciones… ¿Estamos dispuestos?

En su bondad, Dios los llamó a ustedes a que participen de su gloria eterna por medio de Cristo Jesús. Entonces, después de que hayan sufrido un poco de tiempo, él los restaurará, los sostendrá, los fortalecerá y los afirmará sobre un fundamento sólido (1 Pd.5:10 NTV)

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Equipo kosmos, viaje M a corto plazo entre los Mayagnas, Bosawas, Nicaragua

Realmente no he encontrado referencias en la Biblia en donde se nos sugiera que no tendremos que pagar un precio por causa de procurar vivir piadosamente para Cristo, por el contrario vemos en las Escrituras que a la mayoría de siervos que Dios llamó tuvieron que enfrentar todo tipo de sufrimientos, padecimientos y privaciones. En este primer año en Nepal, junto con mi familia hemos experimentado diferentes situaciones, aún en las cuales perdimos la esperanza de vida.

“Amados hermanos, pensamos que tienen que estar al tanto de las dificultades que hemos atravesado en la provincia de Asia. Fuimos oprimidos y agobiados más allá de nuestra capacidad de aguantar y hasta pensamos que no saldríamos con vida. De hecho, esperábamos morir; pero, como resultado, dejamos de confiar en nosotros mismos y aprendimos a confiar solo en Dios, quien resucita a los muertos” (2 Cor.1:8-8 NTV)

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Algunas de las cosas que nos atribularon en el campo fueron por ejemplo, la enfermedad intestinal de nuestra pequeña en un lugar remoto de Nepal en donde no contábamos con un buen servicio médico y no tuvimos una mejor salida que aferrarnos al poder sanador del Señor. Por otro lado tuvimos que enfrentar un accidente de tránsito, justo a unos kilómetros del lugar en el que nació Buda, volcamos en el vehículo en el cual nos conducíamos hacia la capital, el vehículo quedó destrozado pero milagrosamente salimos parcialmente ilesos, librados por el Señor de una muerte segura. Unos meses después mientras nos reponíamos de las secuelas emocionales y físicas del accidente vinieron tres terremotos que acabaron con la vida de más de 8,000 personas, de nuevo milagrosamente el Señor nos libró de una muerte probable. La Biblia dice:

“Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas”
(Sal.34:19 NVI)

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A parte de estas experiencias han habido otras relacionadas con la vida cotidiana en este país de Asia, la tensión a la hora de hacer trámites de visa y la lucha constante con un sistema burocrático que trata de aprovecharse de los extranjeros a toda costa. Ante esta realidad cotidiana solo podemos descansar en las promesas del Señor y confiar que siempre su voluntad será buena perfecta y agradable.

“De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros” (Rom.8:18 NVI)

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Posiblemente a la hora que escribo estas líneas, muchos creyentes están siendo torturados o martirizados por causa de su fe en algún país Asiático a manos de fundamentalistas. Sabemos por ejemplo que el precio que paga la iglesia subterránea en Corea del Norte o China es extremadamente alto; sin embargo la iglesia no se detiene y el evangelio continúa siendo predicado con mucho valor y denuedo.

“Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento” (2Cor.4:17 NVI)

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Desde la perspectiva divina el sufrimiento debe ser visto como un privilegio, porque así como se nos ha concedido creer en el Señor, así también tenemos el privilegio de sufrir por el para nuestra formación, consolación y liberación. Solo a través de los padecimientos por causa de su nombre podremos experimentar la realidad del cuidado de Dios a sus hijos. Porque a ustedes se les ha concedido no sólo creer en Cristo, sino también sufrir por él. (Fil 1:19 NVI)

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Jesús lo expresó de una manera muy clara: “El que encuentre su vida, la perderá, y el que la pierda por mi causa, la encontrará” (Mat.10:39 NVI). Solo a través de nuestra renuncia y muerte constante podremos encontrar la plenitud de vida en él. Ni los mayores deleites temporales, engañadores y fantasiosos que nos ofrece el mundo podrán satisfacer la necesidad de nuestra alma. Por consiguiente, tomar la cruz no es una oferta barata de supermercado, si no el camino radical y verdadero de nuestro discipulado, Jesús le dijo a sus seguidores: “Y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí” (Mat.10:38 NVI).

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A pesar de todos los sufrimientos, padecimientos y privaciones que encontraremos en el campo ministerial, podemos estar seguros que ninguna de estas cosas nos podrán separar del amor de Cristo. Por lo tanto sintámonos privilegiados cuando por causa de su nombre enfrentemos toda clase de privaciones.

¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? (ROM.8:35 NVI)

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