¡Detente, respira y toma nuevas fuerzas!

“Entonces el ángel del Señor regresó, lo tocó y le dijo: «Levántate y come un poco más, de lo contrario, el viaje que tienes por delante será demasiado para ti”. 

(1 Reyes 19:7 NTV)


Nicaragua
Las Hamacas, Hotel en el Astillero

A veces el dedicarnos al ministerio, puede significar estar sumergidos en una vida de activismo desmedido, esto puede significar un notable descuido en nuestra relación con el Señor. Se tiene tiempo para reuniones, para dar consejería, para visitar enfermos, planificar, organizar, dirigir personal o para hacer mil actividades, todo esto, en el supuesto de estar haciendo ministerio, no obstante podemos estar construyendo la fosa para el entierro de nuestro propio cadáver. El punto es identificar si lo que estamos haciendo es realmente lo que él Señor nos ha enviado a hacer. Si estamos llenos de actividades “nuestras” y no del Señor, habrá un impacto negativo en tres áreas: nuestra salud física, nuestra salud espiritual y nuestra familia.

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Agotamiento, cansancio, pérdida de la lucidez de las ideas, achaques al sistema nervioso, incremento de la presión arterial, conflictos familiares, entre otros signos, puede ser la señal de que se necesita un descanso urgente. En los seminarios bíblicos habitualmente no se enseña cómo manejar la tensión y la presión que se genera alrededor del ministerio. Se enseña cómo hacer un buen sermón para arrebatar potentes “amenes” pero no se dan herramientas para batallar con la “soledad y el estrés del ministro”.

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En el campo transcultural el famoso “choque cultural” al que muchos satanizan o demonizan, y que no se toma en cuenta que el estar expuesto a una cultura diferente a la nuestra tiene efectos normales y reacciones naturales, como por ejemplo las enfermedades gastrointestinales, soledad, depresión, ansiedad o el extrañar con demasía a los nuestros. Este balance entre el componente cultural y espiritual no es enseñado en los seminarios. Únicamente se enseña el componente espiritual y a veces con una cuota abultada de misticismo.

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Los pasados terremotos en Nepal, y el hecho de estar junto con mi familia dentro del área del epicentro, consumieron en menos de un mes todas nuestras fuerzas y nuestra capacidad de pensar y reaccionar como personas de “Fe”. La nena nos lanzaba preguntas que desafiaban nuestro “conocimiento Misiológico” aparte de ello, las noches se hacían eternas y las jarras de café estaban listas para socorrernos durante las madrugadas. Tratábamos de orar y concéntranos pero nuestro cuerpo y nuestra mente estaban exhaustos.

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En nuestra mente se extendía una pisca del debate arminiano-calvinista, por un lado nuestra lógica humana decía: “Si estas despierto cuando venga una fuerte replica o un nuevo terremoto podrás reaccionar y salvar a tu familia”, por otra parte emergían los vestigios en mi mente acerca de la soberanía y los propósitos eternos de Dios y por fin repetíamos las palabras del salmista: “En paz de acostaré y asimismo dormiré porque sólo el Señor nos hace dormir confiados”

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Pronto descubrimos, con la ayuda de amigos, que necesitábamos hacer una pausa, respirar hondo y tomar nuevas fuerzas, eso obviamente se iba a poder generar escapando un tiempo del contexto de caos para poder descansar y tomar nuevas fuerzas. Consecuentemente y en consenso con las partes involucradas se decidió emprender un viaje por ocho semanas a nuestras tierras centroamericanas. ¡No imagino que hubiera sucedido si no hubiéramos tomado esa sabia decisión!

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El tiempo en nuestras tierras centroamericanas nos sirvió de gran manera, primero: logramos descansar físicamente en nuestras casas, esto nos ayudó a tener la mente tranquila y nuestro corazón apaciguado para poder ordenar nuestras ideas y pensamientos, segundo: pudimos disfrutar el calor de estar al lado de nuestra familia, amigos y hermanos, tercero: al haber escapado del ruido y del caos logramos con una mayor precisión escuchar nuevas directrices de parte de nuestro jefe celestial.

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Por todas estas cosas buenas que el Señor nos permitió en éstas ocho semanas, quiero aprovechar para animar a todos aquellos consiervos y a mis amigos de mil batallas, a todos aquellos que se encuentran fatigados, cansados, desanimados, perturbados, enfermos, enfrentando conflictos ministeriales y familiares, a que hagan una pausa y se tomen un tiempo para planificar unas vacaciones al lado de sus familias. Una renovación integral será oportuna para seguir caminando en la tarea que el Altísimo nos ha ordenado.
Abrazos

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