Campo de guerra: Dios, la familia y “unos cuantos más”

Nepal
Atardecer

“Por tanto, no tengan miedo, pues yo soy su Dios y estoy con ustedes. Mi mano victoriosa les dará fuerza y ayuda; mi mano victoriosa siempre les dará su apoyo” (Is. 41:10 TLA)


No es necesariamente que las personas se olviden de aquellos que estamos en el campo, sino más bien, lo que sucede es que nuestro círculo social naturalmente tuvo que ajustarse al hecho de que nosotros ya no estaríamos con ellos por algún tiempo, la vida cotidiana, familiar y laboral simplemente siguió sin nosotros y se acostumbraron a no vernos, razón por la cual parece que ha habido un olvido pero no necesariamente es así. Esa realidad de soledad que se experimenta en el campo es producto de ese nuevo reto de construir relaciones interpersonales, lo cual constituye un verdadero reto a vencer ya que se deberán de superar con el tiempo barreras idiomáticas y culturales.

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A menudo revisamos nuestra bandeja de mensajería con la emoción o expectativa de encontrar una “carta virtual”. Hace algunos años como parte de una tarea en una de las materias misiológicas que cursé en la U junto a mi buen amigo, (Gerson Ramírez) nos correspondió entrevistar a la hija de un reconocido “OT” (obrero transcultural) de una denominación muy reconocida en El Salvador. La chica, entre su notable estado de sensibilidad a nuestras preguntas accedió a respondernos con mucha honestidad.

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Nuestras preguntas eran sobre el cuidado pastoral y quien mejor que la hija de un “OT” para poder ser objetiva y sincera, la chica entrevistada, entre todas las cosas que conversamos nos compartió que durante muchos años de ministerio transcultural y sufriendo grandes crisis financieras al lado de sus padres, ellos recibieron una especial y única llamada telefónica, tal llamada tenía como objetivo informarles que se encontraban en saldo rojo, debido a que sus socios y patrocinadores habían dejado de enviarles las ofrendas prometidas y que por lo tanto al regresar a su país de origen, les esperaría una abultada deuda que saldar, ya que la denominación “X” había compensado las ofrendas faltantes.

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Esta experiencia de nuestra amiga, es nada más un pequeño ejemplo de algo normal y frecuente que sucede en nuestro contexto latinoamericano. Si no existe una buena comunicación entre los OT y las iglesias patrocinadoras muy pronto se olvidaran de seguir enviando el apoyo prometido.

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Ante esta realidad de la soledad podemos caer en la tentación de pensar que a las personas que antes eran muy cercanas a nosotros se han olvidado o se han desinteresado en saber cómo estamos enfrentando nuestro proceso de adaptación, pero esto nos debe de llevar a tener la completa seguridad, que en primer lugar Dios está con nosotros, y que el mueve a un remanente fiel para que sean nuestro soporte en oración y en estar pendientes de nuestra situación.

A parte eso, estamos profundamente convencidos en que el apoyo integral de nuestras familias es cardinal en este proceso de trabajo para el Reino. Por consiguiente mis estimados consiervos y amigos novatos (como nosotros), debemos de recordar que siempre contaremos con la ayuda del Señor, de nuestra familia y de “esos cuantos más” que aunque pocos, siempre están dispuestos a invertir un poco de su tiempo para conversar sobre los desafíos que se enfrentan en el campo. Porque el trabajo efectivo en misión es completa y necesariamente un trabajo en equipo.

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