Tres elementos sobre nuestro llamado transcultural

Nicaragua
Choza en comunidad de Puluwas, etnia Mayagna Sauni Bu,, Bosawas, Nicaragua

“Después el Señor le dijo a Elías: «Vete al oriente y escóndete junto al arroyo de Querit, cerca de su desembocadura en el río Jordán” (1 Reyes 17:2-3 NTV)

Al leer al profeta Elías desde el campo transcultural podemos descubrir tres aspectos que nos pueden ayudar de manera personal, familiar o comunitaria a entender de una mejor manera la esencia de nuestro llamado al campo.

En primer lugar, Él nos llama según su gracia y soberanía

El privilegio mayor que podemos tener en la tierra es el haber sido llamados por Dios a su gran proyecto global de redención. En los primeros días fue emocionante para nosotros el poder creer que todo sería fantástico en Nepal, no obstante, con el paso del tiempo hemos descubierto que solamente su gracia y soberanía pueden generar en nosotros la convicción de estar haciendo lo que él nos ha facultado. Muchas veces nos hemos perdido en el mapa y hemos estado a punto de tomar caminos confusos, sin embargo, en tales momentos de incertidumbre aparece el buen pastor para guiarnos y hacernos caminar en tierra firme. Ninguno merece ser llamado un Embajador de Cristo, pero él por su gracia y por su soberanía nos ha invitado a ser parte de su magna empresa global. ¡Qué gran privilegio!

No importa quien seamos

No importa quien seamos, no importa si fuimos formados en los centros teológicos más prestigiosos del mundo, o incluso que tengamos la preparación academia, técnica y teológica más novedosa del momento. En el mundo cristiano y secular lamentablemente somos tratados de acuerdo o lo que tenemos, llámese esto, títulos, posiciones jerárquicas, buen nombre, prestigio o algo de lo cual podamos presumir. En la empresa de Dios por el contrario lo único que cuenta es reconocer que separados de Cristo somos indefensos e incapaces de producir cosas buenas para su Reino.

Lo que realmente importa es entender quién es Él

Esta verdad es una de las más cardinales en el trabajo de campo, se trata realmente de quien es él y de lo que él está haciendo; es decir, de su plan eterno desarrollado cronológicamente de acuerdo a sus insondables designios. Allí está la diferencia, es mucho menos trabajoso caminar en la visión ministerial que Dios nos ha entregado como sus siervos, si comprendemos que él es el único protagonista en misión, no buscamos por lo tanto hacer famosa a una organización o denominación o mucho menos construir maliciosamente nuestra buena reputación en base a presunciones de logros en el campo. Lo que realmente debemos de procurar y anhelar con toda nuestra alma es ver a los pueblos darle la gloria que él se merece.

“Entonces aprenderán que solo tú te llamas el Señor, que solo tú eres el Altísimo, supremo sobre toda la tierra” (Salmo 83:18 NTV)

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