Entre páginas empolvadas

Viaje
A unas horas de volar a Asia, Aeropuerto de El Salvador 2014

“Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen. Les doy vida eterna, y nunca perecerán. Nadie puede quitármelas, porque mi Padre me las ha dado, y él es más poderoso que todos. Nadie puede quitarlas de la mano del Padre” (Juan 10:27-29 NTV)

Revisando un pequeño cuaderno de notas, descubrí algo que solamente lo puedo comparar a un preciado tesoro, mientras hojeaba el pequeño cuadernillo de páginas gastadas, los latidos de mi corazón se iban intensificando; la sensación experimentada producía un golpe de seguridad y de confianza en mi corazón. Efectivamente era un tesoro preciado, se trataba de una lista de frases que había escrito en diferentes momentos, en diferentes circunstancias, eran como pequeños recordatorios o indicaciones que habían venido a mi mente en el silencio de mis momentos de reflexión. Tales frases vinieron de una manera muy clara y generaron en mí, la certeza de ser pequeños trozos de información de Dios relacionados con la tarea que estaba por delante. Acá les comparto algunas de esas frases o palabras capturadas.

“Yo estoy y estaré con ustedes”

Esta frase ha sido tan necesaria a lo largo de esta jornada de vida doméstica en Nepal, su compañía nos da la seguridad de confianza en que todas las cosas obran para bien, si no tuviéramos la certeza de que el Señor está con nosotros jamás hubiéramos decidido abandonar nuestra tierra de infancia. Hemos visto su mano en cada situación y en cada momento complicado, su ayuda ha sido una realidad diaria.
Todos los obreros transculturales debemos de recordar que pese a las turbulencias que enfrenta la nave en el camino hay un Dios que está sentado en su trono dispuesto a auxiliarnos y a atender nuestro clamor.

“Confíen en mí y no tengan temor”

¿Quién de nosotros no ha tenido temor al embarcarse mar a dentro hacia aguas turbulentas?, eso es precisamente el ministerio transcultural, un océano furioso con aguas turbulentas y tormentas al acecho. Navegar en solitario puede que sea más sencillo, pero navegar en familia te da la sensación de que la vida de los otros tripulantes dependen de alguna manera de la forma en como tu manejes la nave y simplemente te dices a ti mismo, que si algo le llegara a pasar a los tuyos por una mala maniobra, jamás te lo perdonarías. Es allí cuando la voz de lo alto viene y nos susurra: “Confía en mí y no tengas temor”. Él conduce la nave y nuestras vidas están en sus manos. ¡Qué alivio más grande!

“Será difícil pero yo cuidare de ustedes”

El Señor definitivamente conoce todas las cosas. Antes de viajar a Nepal, él no nos prometió que no habría sufrimiento o situaciones adversas, como todos ustedes saben, primero vino el accidente, luego los terremotos y a la fecha la crisis nacional de escasez de alimentos, combustible, gas propano y medicina. ¡Cuánta razón tenía el Señor! Hasta ahora, hemos constatado la veracidad de sus promesas, él ha cuidado de nosotros en las menores y mayores dificultades, debemos por lo tanto confiar en que su voluntad es buena, agradable y perfecta.

“Yo pondré a las personas indicadas en los momentos de necesidad”

¡Qué decir de las muchas personas que el Señor ha puesto en nuestro camino para poder ayudarnos de muchas maneras! ¡Cómo olvidar aquella tarde que estábamos batallando con nuestra primera visa! Recuerdo que estábamos haciendo una larga fila y sudando helado para poder hacer todo ese embarazoso trámite en inglés ante las singulares autoridades de migración; de pronto, cuando estamos a punto de llegar a la ventanilla aparece un obrero transcultural de Colombia y nos brinda su ayuda en todo el proceso de la gestión de nuestras visas. Dios siempre ha lanzado un chaleco salvavidas justo cuando el mar ha estado a punto de tragarnos.

“Mantente enfocado”

Muchas veces hemos sentido que nuestra mente divaga y se aleja totalmente de lo que el Señor nos ha llamado a hacer, las presiones de batallar y de tratar de sobrevivir en un contexto tan diferente al nuestro nos hacen claudicar; incontables veces hemos querido simplemente renunciar a todo esto y decidir volver a nuestro país a servir cómodamente en cualquier área ministerial que no demande tantas cosas como estar en Asia; sin embargo en esos días de extrema tensión y cuando nuestros brazos están débiles ha emergido en nuestro interior esa frase tan determinante: “mantente enfocado”.

“Aprovecha el tiempo”

Dos cosas son necesarias y urgentes por hacer en nuestra primera etapa en el campo, ambas tienen que ver con el proceso de inmersión cultural, la primera es la exploración cultural y la segunda es el estudio de idiomas locales. Es muy fácil perder el tiempo o más bien desaprovecharlo en el contexto del trabajo en este país, esta realidad obedece al ritmo de vida de la sociedad y a la cantidad de días libres que el gobierno decreta por motivos de los festivales. Hay días en los que literalmente no se puede salir de casa, o cuando tú decides salir y no encuentras ni una tan sola alma en las calles. Es allí cuando el Señor nos ha pedido aprovechar el tiempo haciendo cosas productivas que nos ayudan a crecer de manera individual o como familia.

“Solo un paso a la vez”

Siempre hemos preferido los atajos para llegar con facilidad a nuestro destino, no sé si les ha pasado, que en lo concerniente al desarrollo de nuestro ministerio, generalmente sucede que a nosotros nos gustaría saber todo lo que Dios tiene por delante, quisiéramos saber todos los más mínimos detalles acerca de nuestros días de travesía sobre la tierra, es decir saber elementos específicos sobre la voluntad de Dios para nuestra vida.
Fue en uno de esos días en los que simplemente le pedíamos a Dios la fotografía completa de los siguientes años en Asia, que él nos hizo comprender que es mejor obtener piezas pequeñas del rompecabezas ya que esto genera o produce dependencia y fe. Su voluntad generalmente es mostrada a nosotros de manera progresiva, “un paso a la vez”.
Hay aspectos generales que ya fueron dichos en su palabra como por ejemplo: procurar caminar en integridad y santidad, amar a nuestro prójimo, a nuestros enemigos, compartir nuestra fe, seguirle, etc. Lamentablemente existen muchos que tratan de obtener o buscar revelaciones fuera de “La Palabra Profética más segura”. Considero por lo tanto que la vida de servicio cristiano consiste en ir un paso a la vez, tratando de obedecer aquello que ya nos fue dicho por medio de su Palabra.

¡Si le buscamos en oración y meditamos en su palabra, seguramente el seguirá hablándonos a nuestro corazón! ¡Busquémosle, ya que el éxito de lo que hagamos dependerá de dos cosas: escuchar y actuar en obediencia!

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