El temor que no viene de Dios

“Porque el Espíritu de Dios no nos hace cobardes. Al contrario, nos da poder para amar a los demás, y nos fortalece para que podamos vivir una buena vida cristiana” (2Tim.1:7 TLA)

El temor que proviene del maligno puede destruir nuestras vidas ministeriales, muchas veces hemos dejado de hacer muchas cosas simplemente porque hemos sido presa de las garras del temor; nuestra naturaleza caída nos condiciona a permanecer estáticos y con falta de valor para dar esos pasos en fe los cuales son tan necesarios en nuestra vida como discípulos de Cristo. De esta forma el temor que viene del enemigo tendrá poder para:

Estancar nuestra vida

La vida del creyente debe de desarrollarse dentro del marco de un crecimiento constante, crecimiento en fe, sabiduría, conocimiento, visión y madurez. Si nos estancamos seremos instrumentos inútiles, estériles e incapaces de producir cosas buenas para este mundo perdido.

Destruir nuestros sueños

Este tipo de temor es como un veneno mortal, capaz matar nuestros proyectos o de hacernos abortar nuestros más profundos sueños, me refiero a esos sueños que han surgido en nuestros momentos de oración, esos sueños que realmente no son nuestros, sino más bien son tatuajes impresos en el alma, estampados con tinta celestial, provienen de lo alto, de la voluntad inequívoca y perfecta de nuestro gran maestro.

Mantenernos en cautiverio

Este tipo de temor también puede producir en nosotros una vida desgraciada, sin propósito y llena de pesimismo, el reo que vive en cautiverio es incapaz de tener un panorama amplio de su derredor, no puede hacer nada más que conformarse a vivir dentro de un par de metros cuadrados, ese es todo su espacio. Así pasa con aquellos que han sido presa del temor, nunca se atreverán a tomar riesgos en pro del trabajo global de Dios, únicamente se conformarán con ver a otros avanzar hacia los campos de batalla.

¿Qué haremos con este tipo de temor que no proviene de Dios?

Sólo hay una respuesta válida: ¡renunciar!, si no renunciamos nos alcanzará y nos destruirá sin piedad. Por lo tanto, es menester tomar con seriedad el tema y afianzarnos en las palabras del Señor: “Por tanto, no tengan miedo, pues yo soy su Dios y estoy con ustedes. Mi mano victoriosa les dará fuerza y ayuda; mi mano victoriosa siempre les dará su apoyo” (Is.41:10 TLA)

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