Tres imágenes del ministerio transcultural: el velero, la tabla de surf y el tapón de corcho

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Un pequeño velero navegando en un océano furioso

Muchas veces nos vemos así, el mar furioso representa el campo transcultural, el velero representa nuestras vidas tratando de sobrevivir en las violentas aguas del campo, algunas veces los tres estamos remando hacia la otra orilla, pero otras veces los tres estamos cansados o fatigados y es allí cuando Cristo mismo dirige el bote hacia su destino. Pero también nos ha ocurrido que algunas veces Dina y yo nos hemos cansado de este viaje y es cuando aparece Sofía para darnos una palabra de ánimo o simplemente con su sonrisa de inocencia nos devuelve la fuerza para seguir luchando. Sea como sea, aunque las aguas se pongan más violentas estamos seguros que Cristo mismo habita en el velero junto a nosotros y junto a todos aquellos que hacen misión en cualquier lugar de la tierra.

 

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El surfista en el mar

Recuerdo hace un par de años una pequeña lección de surf que recibí por parte de mi buen amigo Manuel quien es pastor de una flamante iglesia en Guatemala. Con la tabla de surf en mano nos dirigimos mar adentro en las bonitas playas del Tunco en El Salvador, la sensación de estar flotando con una pequeña tabla en mar adentro era extraña, la adrenalina era toda una realidad, recuerdo que pasamos muchos minutos esperando por una buena ola hasta que al final apareció una no tan buena pero suficiente para saber de primera mano lo que significaba volar sobre el agua. La experiencia fue grandiosa, aunque creo que ya no lo volvería a hacer. Al recordar este episodio puedo encontrar una similitud muy marcada entre la experiencia del ministerio transcultural, el mar nuevamente lo puedo comparar con el campo transcultural, la tabla de surf representa para mí la presencia de Cristo ya que si nos tomamos fuerte de ella será casi imposible que nos hundamos en el mar, así mismo si nos tomamos muy fuerte de la mano de Cristo ¿Quién contra nosotros en el campo?, las olas por su parte me recuerdan las oportunidades y las puertas que Dios va abriendo a lo largo del camino, si estamos descuidados o distraídos las oportunidades pasarán y se diluirán como el agua salada entre la arena. De manera que el obrero transcultural es como un surfista, debe estar mar adentro muy atento y concentrado, asido de la tabla y listo para aprovechar las buenas olas que vendrán en el camino.

 

corcho

Un tapón de corcho flotando en el océano

La imagen del mar es recurrente en mi mente, hay momentos de quietud, paz y tranquilidad; pero también hay momentos de tensión, preocupación, angustia y desesperanza en el campo, por ejemplo cuando se nos enferma un hijo y no tenemos nada más que hacer que aferrarnos a las promesas de Dios, en nuestro caso no hay nada que nos quiebre tan rápido como ver a nuestra pequeña sufriendo de alguna forma. Creo que ese es un sentimiento común en los que somos padres. Así que también nuestra vida misional la puedo comparar con un tapón de corcho, pase lo que pase, siempre estaremos flotando, no nos hundiremos. Pueden venir vientos, tempestades, ciclones pero permaneceremos allí flotando sin perecer por que el Dios de los cielos tiene control absoluto sobre todas las situaciones, podemos estar rodeados de feroces tiburones o fieras marinas pero estaremos a salvo en las manos de Cristo.

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