Culturas diferentes y el arte de negociar

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Mujeres preparando comida en una villa

Esta ha sido una fase muy interesante dentro del trabajo misional, creo que aun los que invierten su vida en el campo de trabajo nunca llegan a entender plenamente la cultura en el país que sirven. Partimos de la premisa de que no existen mejores culturas que otras, simplemente las culturas son diferentes, esto lo debemos de comprender antes de salir al campo ya que de no ser así nuestras expectativas culturales pueden hundirnos en una frustración total. Dos descubrimientos hemos hecho a fuerza de palo, el primero ha sido el comprender que la cultura de este país se fundamenta en el valor de las relaciones sociales y familiares, toda la vida social se mueve en base a la supremacía de las relaciones, tal como un obrero que ha vivido en Nepal durante muchos años nos explicó:

“Para un nepalí las relaciones son una de las cosas más valiosas, ellos pueden dejar a un lado sus responsabilidades laborales con tal de ir a la boda de un amigo, (aun sin avisarte en caso de trabajen para ti) tú le puedes preguntar a un nepalí, ¿Por qué no viniste a trabajar hoy? Y él te responderá: “porque fui a la boda de mi amigo”

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Un segundo descubrimiento ha sido que la jerarquización de las castas es un fenómeno que impera dentro de las comunidades fe, por ejemplo, es muy extraño encontrar parejas casadas en donde uno sea de una casta diferente, es por ello que el estatus otorgado por una casta condiciona el tipo de relación entre los mismos creyentes; es tan impactante ver la reacción de los locales al ver a un extranjero haciendo cosas que le correspondería hacer a las personas de castas bajas, algunas veces les puede resultar ofensivo o inexplicable.

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La negociación de las diferencias culturales no es nada fácil pero hay que batallar con optimismo cada día, por ejemplo en esta cultura las personas son muy amables y cordiales con personas a quienes ellas consideran con respeto, entre ellos a nosotros los extranjeros, casi siempre cuando estamos en casa de una familia local nos ofrecen una taza de té o Chya como ellos le llaman, decir no a la invitación a una taza de té puede ser un tanto irrespetuoso para ellos, sin embargo cuando hemos logrado construir una amistad con ellos, abiertamente uno puede desistir con amabilidad y no pasa nada, ellos hacen su mayor esfuerzo por entendernos.

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Otro factor interesante se da a la hora de comer, a los hombres se les sirve primero y en algunos hogares las mujeres comen aisladas ya que es impropio que compartan la mesa con los jefes de la casa, este fenómeno lo observé de la misma manera en Poaquil Guatemala en el contexto de un hogar cristiano en donde el machismo es una estampa de la cultura de ese bonito pueblo y seguramente de muchos otros en todo el mundo, muchos creen que la mujer es una esclava o un ser inferior la cual tiene que estar lista para atender los caprichos de los machistas, creo que es en este tipo de contexto en el que el poder de la Palabra puede ir transformando aquellos patrones culturales que no están acorde a la conducta y al carácter de un seguidor de Jesús.

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¿Qué hacer entonces ante las diferencias culturales?

a) Conocer: conocer la cultura del país nos ayudara a evaluar objetivamente la nuestra.
b) Valorizar: la cultura local es un caudal de conocimiento y aprendizaje para nosotros, hay que indagar a profundidad por qué hacen una determinada cosa o tienen un determinado comportamiento.
c) No juzgar: no emitir un juicio de valor sobre determinado elemento cultural, en la medida que juzgamos negativamente la cultura local impedimos que el proceso de negociación se desarrolle con normalidad. El juzgar dilata el proceso y nos puede hacer infelices durante estemos en el campo.
d) Aplicar los absolutos eternos: sólo el poder de la Palabra puede transformar los elementos negativamente manifiestos dentro de la cultura, por ejemplo la valoración y la dignificación de la mujer deben de ser enseñados por medio de las sagradas Escrituras y debe mayormente ser testificado por medio de nosotros para que los locales puedan leer la Biblia a través de nuestro testimonio como obreros.

Dios sin duda nos ha ayudado y nos seguirá ayudando en este proceso de negociación cultural, no olvidando nunca que la Biblia es supra cultural capaz de transformar al individuo en toda su expresión social y cultural

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