Un sentimiento de frustración en el campo transcultural

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“No se preocupen por nada. Más bien, oren y pídanle a Dios todo lo que necesiten, y sean agradecidos. Así Dios les dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo” (Fil.4:6-7 TLA)


Una de las cosas que más nos puede atacar en el campo transcultural es la frustración, tal elemento puede llegar a convertirse en un especialista en doblegar nuestros ánimos y fastidiar nuestra visión de trabajo.

La frustración por no hablar el idioma local o el idioma puente, o por no avanzar en el aprendizaje del mismo

Uno de los errores primarios que nosotros hemos cometido en el campo ha sido el querer hacer muchas cosas en nombre de “hacer ministerio”, muchas de esas cosas que hicimos en nuestros primeros meses en el campo llegaron a fatigarnos mentalmente y físicamente, nos estresamos más de la cuenta sólo por el hecho de querer sentirnos útiles, esto sin duda fue un problema mayúsculo de egoísmo, ya que nuestro pensamiento era: “necesito hacer algo de ministerio para sentirme bien”, por ende al no estar haciendo labores explícitas de ministerio nos sentíamos inútiles, frustrados y subutilizados.

***

Con el tiempo y con el mentoreo de nuestros consejeros espirituales y nuestro director hemos comprendido muchas cosas que han salvado los platos y nos han dado un “plus” para volver a la ruta correcta. Básicamente los primeros 24 meses en un contexto como Asia hemos tenido que redirigir nuestros pensamientos y energía a tareas cardinales y simultáneas como lo son:

a) Vida cotidiana: construir un hogar estable para tener frescura y comodidad.
b) Experiencia cultural: Profundizar en la cultura local para entender mejor a las personas.
c) Investigación doméstica: conocer lugares claves como clínicas, bancos, oficinas migratorias, universidades, mercados, etc.
d) Experiencia eclesiástica: conocer comunidades de fe, ministerios locales, explorar oportunidades.
e) Exploración social: construir relaciones con locales y con otros foráneos.

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Los cinco elementos mencionados en la lista son suficientes para poner las bases en nuestros primeros años de trabajo, nosotros precisamente estamos en esta fase, a la víspera de cumplir dos años en el campo hemos tenido que renunciar “de alguna manera” a la idea que querer hacer ministerio desde el primer día que pisamos estas tierras; por supuesto que esto no ha significado el no hacer nada en el área ministerial, por el contrario Dios nos ha permitido servir a muchas personas de distintas maneras y estamos agradecidos por ello, quizás el pensamiento más radical que hemos aprendido en estos casi dos años ha sido el siguiente:

“Ministerio es todo lo que hacemos para bendecir a las personas”

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