¿Se acuerdan que nos robaron nuestra bicicleta?

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La Black eagle luego de ser recuperada (3 semanas después) 

“Sabemos que Dios va preparando todo para el bien de los que lo aman, es decir, de los que él ha llamado de acuerdo con su plan” (Rom.8:28 TLA)

Creo que se recuerdan que hace un par de semanas les compartí que un ladrón hurto nuestra bicicleta, en si la bicicleta no tenía tanto valor económico quizás $100, pero el punto es que para nosotros tenía un valor afectivo ya que la adquirimos en un compañero de trabajo a quien estimamos y de paso era nuestro medio de transporte, le había adaptado un asiento metálico para llevar a la nena a recorrer las calles de la contaminada pero interesante ciudad de Katmandú, además me servía para ir a la facultad por las mañanas  (8 Km diarios) y servía para hacer mil diligencias. De allí su valor real.

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Así encontramos la bici, encadenada y con nuevo dueño (3 semanas después)

Pues quiero compartirles que tres semanas después, de manera muy inusual, mas no ajena a la forma de obrar de Dios, nos encontrábamos caminando con Dina en las calles de la ciudad, cuando de pronto veo mi amada bicicleta parqueada y encadenada, a lo que mi corazón da un salto y seguidamente un grito de exclamación ¡Mi bicicleta!, sin dudar de lo que habían visto nuestros ojos fuimos rápido y empezó el “bochinche”, uno que reclamaba ser el dueño real de la bici, y que otro que con enojo alegaba que era el dueño y que alguien se la había vendido hace algunos días. Para suerte, luego de discutir y con los nervios encendidos y la sangre caliente logré encontrar una vieja foto de la bici en mi celular, ¡era mi única prueba!, ni aun mostrándola el sujeto accedió a dármela, así que de pronto veo una patrulla policial venir y se armó el otro lío. (Alguien llamó a la policía)

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Momento de ir a la comisaria 

Detuvieron al individuo y lo peor nos obligaron a mí y a Dina a ir a la comisaria, tremendo riesgo por todo lo que podía implicar, pero gracias a Dios las cosas salieron muy bien, después de más de 2 horas de preguntas y alegatos logramos salir con nuestra vieja bici y con una sonrisa en el rostro, nuestra primera conclusión fue:

“Aún en las cosas pequeñas o que parecen insignificantes para nosotros Dios muestra su ayuda, cumple sus promesas y muestra su especial cuidado”

Ahora podremos ir por un helado con la nena y ella será feliz viajando con su papi por las calles de Katmandú.

2 comentarios

  1. De todos tus escritos, este me ha conmovido y recordado de Dios como un ser especial y detallista! Gracias por compartir!!!

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