72 horas en India

Ciudad de Delhi
Ciudad de Delhi, India

En el año 2017 luego de darnos cuenta con mi esposa que ella estaba esperando un bebe, tuvimos que hacer una decisión muy importante, es decir, decidir donde queríamos que él naciera; para ese entonces nos encontrábamos de viaje en Nicaragua y El Salvador. Mi esposa había empezado a tener ciertas complicaciones en sus primeros meses de embarazo; la alarma de la hipertensión había surgido y naturalmente las primeras emergencias al doctor estaban presentes. El primer médico a quien acudimos en Nicaragua nos recomendó que ella no viajara (De regreso a Nepal) y que procurara estar lo más relajada posible para asumir los siguientes meses de embarazo. Al llegar al Salvador, procedimos a hacer más chequeos médicos y efectivamente la doctora nos dijo exactamente lo mismo, nos pidió no poner en riesgo la salud de Dina y la del bebe recomendándonos así no viajar.

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Pero la situación no era tan sencilla, ya que habían muchas razones por las que teníamos que retornar a Nepal nuevamente, de modo que en oración y confiando en las promesas y el cuidado de Dios, decidimos retornar a nuestra tierra prometida y que nuestro regalo del cielo naciera a los pies de los Himalayas, en el valle de Katmandú. Finalmente el 25 de julio de 2017 Jeevan (nombre Nepalí de nuestro hijo) vino al mundo en medio de una serie de circunstancias de las cuales escribiré un merecido artículo aparte.

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Posterior al nacimiento de nuestro pequeño, venía algo muy complicado, empezar su proceso de registración en la embajada más cercana, en este caso en la ciudad de New Delhi India. Fue en esas circunstancias en las que en febrero de 2018 tuve que realizar un viaje a ese interesante y seductor país.  Así que en esta oportunidad quiero compartir con ustedes  parte de la bitácora de ese viaje.

Día 1:  Llegada a India

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Obtener visa para India no fue tarea fácil, hice tres intentos sin éxito alguno, visité varias veces la embajada de India en Nepal y me encontré con un personal obstinado en encontrar el más mínimo detalle para no otorgarme un visado. Finalmente hice el proceso online y luego de muchas batallas con el sistema logré obtener 60 días de visa (E-VISA $50). Con mi pequeño equipaje para las 72 horas en Delhi estaba listo para el viaje exprés.  El vuelo duró apenas 2 horas y media y me encontraba lo suficientemente emocionado para pisar las calles de un país del que se dicen muchas cosas tanto negativas como positivas.

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Mi llegada el aeropuerto fue muy normal, ningún problema, ninguna sumisión a entrevistas extremas, algo muy normal en los últimos años con los turistas. El Indira Gandhi International Airport  me pareció realmente muy moderno. Mi llegada fue a eso de las cuatro de la tarde por lo que solo tuve  tiempo para encontrar al contacto que me recibiría  y que amablemente me haría la primera introducción al país, además me llevaría a mi lugar de hospedaje y también a cenar por primera vez en mi vida ‘‘The Real Indian Food”.

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India es un gigante en Asia que no puede ser observado en 72 horas, por lo cual mis impresiones del país están muy limitadas a una zona muy desarrollada en el centro de la ciudad.

Quedé muy sorprendido al observar el desarrollo y todos los avances que el país ha tenido en materia de infraestructura urbana, observe calles en excelente estado, edificios gigantescos, malls, etc. Es más hasta me pareció un paraíso comparado con mi amado Nepal.  Al final de la tarde únicamente me quedó tiempo para sumergirme un poco en una de las ciudades más bulliciosas del planeta; observando todo mi entorno y empezando a descubrir un poco de la cultura de la gente de  India.

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Mi contacto me llevo al barrio donde me hospedaría, caminamos dentro de los pequeños laberintos, experimentando los primeros olores a incienso, esquivando las vacas que salían a mi camino, esquivando el mar de motocicletas y rickshaws (moto taxis)  y tratando de obtener unas buenas fotos con mi celular. Por la noche decidí salir a las calles para una pequeña caminata en busca de mi primera experiencia gastronómica, algo por lo que había estado esperando por más de 4 años. Mi meta estaba clara, comer saludable e higiénico por menos de $2. Mientras camino encuentro uno de esos puestos callejeros con la típica imagen del dueño del negocio y su séquito de esclavos a quienes les da órdenes usando gritos y hasta me da la impresión que quizás insultos.

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Esa noche disfrute un Real Chicken Biryani (Arroz con pollo al estilo de India con mucho picante) y tuve tiempo para intentar conversar con el staff del comedor pero no tuve tanto éxito. Ellos no hablaban inglés y este servidor no entendía nada de Hindi.

Finalizo mi cena, por cierto muy deliciosa, aunque me dejó un aroma muy penetrante en mi aliento que ni yo mismo lo soporto. Atraído por el ruido, el comercio informal, los carretones, cláxones, vacas y el océano de motocicletas, autos, bicicletas y gente caminando me apresuro a grabar lo sonidos de eso pequeño barrio localizado en Neb Sarai.

Día 2:  En busca de mi embajada

Este día he tenido el ímpetu de levantarme muy temprano antes que el sol parpadeara, para ir a caminar alrededor de la ciudad, tal ejercicio ha sido una experiencia de contemplación interna, reflexión y mucho pensamiento, por momentos me decía ¿Qué hace un salvadoreño caminado solitario en esta parte del mundo? ¿Por qué estoy en Asia? Tal experiencia generó un frío interno sacudiendo mis emociones y mis más profundos pensamientos.

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No obstante seguía observando a las personas, grabando los audios de los ruidos que salían a mis pasos y además empezaba a ver ese enemigo universal, llamado pobreza. Me encontré con un vagabundo quien con mucho brillo en sus ojos ensuciaba sus manos en los contenedores de basura en busca de alimentos. Tuve la intención de regresarme y darle algunas rupias pero repentinamente me detuve porque tuve un poco de temor al pensar como este hombre podría reaccionar. En estas culturas mucha gente se enoja mucho cuando intentas darles algo, piensan que es una forma de ofensa.

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Ya con el sol muy opacado seguramente por la terrible y nefasta polución de los cielos asiáticos  y luego de una jornada de introspección, estaba listo para buscar un nuevo desayuno callejero. El menú estaba listo, jugo de mandarina de un carretón callejero y unos bocadillos llamados Aloo Paratha (una especie de tortilla de papa con especias), todo por menos de  $1.

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Listo para encontrar mi embajada en la ciudad de Delhi, me embarqué en una pequeña scooty y  un casco para niños al lado de mi guía. Jornada de adrenalina y emoción viajando por primera vez en uno de los tráficos vehiculares más locos que jamás haya visto. En mi trayecto me causó mucho asombro ver gente de corbata y muy bien vestida orinando al lado de las calles principales sin ningún recato o vergüenza, pero luego recordé que algunas veces los salvadoreños hacemos lo mismo en nuestro país. En India  la gente lo hace sin ningún mínimo  de vergüenza o preocupación.

 

Luego de mi jornada de 10 kilómetros viajando en una pequeña motocicleta, por fin logre llegar a mi amada embajada y lo primero que hice fue sacarme un selfie, seguidamente respiro profundo y me preparo para entrar a una pequeña porción del pulgarcito de América en India. Entro a las oficinas y encuentro una chica de India que habla perfecto español, siento un poco de envidia de que ella habla mi idioma y yo no hablo el suyo; pero decido avanzar al interior del edificio y encuentro a mi presidente don Sánchez con una risa nerviosa como si no le gustara tanto estar en India.  (Y créanme que lo entiendo)

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Gracias a Dios mi reunión en la embajada duro un par de horas y todo fue un éxito total, por fin nuestro nene está a punto de ser un salvadoreño más.  Mi experiencia con el cónsul en ese país  fue fantástica, mucho profesionalismo, amabilidad así como también calor guanaco a la hora de interactuar. El trámite para la obtención del pasaporte del nene tendrá que esperar algunos meses más, ya que es un proceso lento por todos los protocolos internacionales que hay que seguir.

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India Gate 

Estación por la famosa India Gate

Por la tarde, luego de  finalizar parte de las diligencias en mí embajada procedí a conocer la famosa India Gate, localizada en la ciudad de Delhi en un bulevar ceremonial llamado Rajpath. Pocas veces he quedado tan impresionado al estar ante un monumento, se trataba de una enorme puerta para honrar a los 70,000  soldados de ejército Indio que perecieron durante la primera guerra mundial. Me impresionó el respeto y reverencia mostrada a la memoria de estos soldados quienes dieron su vida para defender su país. 13,300 nombres de soldados se encuentran inscritos en la puerta. Desde 1971 ha servido como la Tumba del Soldado Desconocido de la India. India Gate se cuenta entre los mayores monumentos de guerra de la India. La puerta posee una altura de 42 metros y es realmente fascinante por todo lo que implica y representa.

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Luego de tan monumental experiencia conociendo la India Gate, cerré el día viajando por el metro de la ciudad por menos de $2 hacia el lugar donde participaría en otro ritual gastronómico, un lugar muy agradable llamado el Delhi Haat, del cual espero escribir más adelante. Muy cansado por la noche retorné a mi hogar temporal en Neb Sarai Delhi. Un día más se había acabado.

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Qutub Minar

 

Día 3:  Retornando a Nepal

El siguiente día, nuevamente hice mi peregrinaje por las calles del barrio, buscando un nuevo desayuno callejero y económico, tratando a la vez de interactuar un poco con los vendedores así como también de lograr sacar algunas fotografías, afición que llevo metida en mis venas. De camino al aeropuerto hago una parada técnica en el Qutub Minar. Siempre la historia,  arte y la cultura me han atraído profundamente; por lo cual me dirijo a otro de los monumentos históricos más emblemáticos en la ciudad, la llamada torre de la victoria de 73 metros de altura construida en 1193 por Qutab-ud-din Aibak inmediatamente después de la derrota del último reino hindú de Delhi.

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La torre tiene cinco pisos distintos. Al pie de la torre se encuentra la mezquita Quwwat-ul-Islam, la primera mezquita construida en la India. Una inscripción sobre su puerta oriental informa provocativamente que fue construida con material obtenido de la demolición de 27 templos hindúes. También me llamo la atención la existencia de un pilar de hierro de 7 metros  de altura el cual se encuentra en el patio de la mezquita. Se dice que si puedes rodearlo con tus manos estando de espaldas a él, tu deseo se cumplirá. ¿Qué les parece?.  Me lamento en verdad por no contar con más tiempo para seguir explorando y cruzando fronteras, también me lamento que mi familia no este conmigo en este viaje. Pero como dicen en mis tierras, ”al mandado y no al retozo”

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La vida en Asia encierra una lista interminable de diligencias que se deben de hacer, ser un extranjero sirviendo en estas tierras no es fácil, al contrario puede resultar muy estresante y agobiante; pero al final del día puedo descansar tranquilamente sabiendo que no estamos solos, que tenemos a nuestro mejor guía, consejero y ayudador en cada uno de los procesos que debemos de realizar como obreros.

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