Cuando el ministerio se vuelve una carga

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-Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu (Rom.12:11)

¿Les ha ocurrido en su vida cristiana cuando llega un momento en el que se sienten cansados y con deseos de renunciar a lo que hacen? Servir a Dios y a las personas son privilegios muy grandes y a la vez constituyen una enorme responsabilidad, no obstante puede llegar a ocurrir que en algún momento de nuestro recorrido nos sintamos realmente fatigados. En mi opinión hay muchos elementos que se deben considerar para encontrar las razones de nuestra –Low battery- en el ministerio. Pero les compartiré algunas de esas razones:

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Cuando hacemos todo de manera mecánica y rutinaria

Es fácil creer que ya sabemos cómo funcionan las cosas del ministerio, por ejemplo manejar a perfección el arte de predicar e interpretar pasajes de la Biblia. Conozco a algunos ministros que tienen la tendencia de hacer una regla infalible acerca de la predicación expositiva, y me pregunto a la vez si esa fue la forma en la que Jesús predicó o enseñó al auditorio de su época. Pero también conozco a otros que tienen la costumbre de comprar manuales de predicación para un año. ¿A caso no nos hemos vuelto cómodos?

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De manera que cuando sabemos cómo funcionan los procesos específicos en el ministerio que desarrollamos podemos vernos en el peligro de hacer todo de una forma mecánica y rutinaria dejando de lado nuestra dependencia diaria de Dios y su palabra. Los métodos, estrategias, procesos, sólo son herramientas falibles que deben de ser aplicados y creados para ser más efectivos y ordenados en nuestro quehacer de ministerio; pero la voz de Dios, sus indicaciones, mandamientos y consejos deben de ser la regla perfecta para que desarrollemos nuestro trabajo de forma efectiva en función del reino de Dios.

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Cuando abandonamos las disciplinas espirituales

El abandono de nuestras disciplinas espirituales también es el producto del punto anterior, cuando hacemos todo de forma mecánica inconscientemente o muy conscientemente dejamos de lado la oración, el ayuno, la lectura y memorización de la Escrituras, la adoración, piedad, etc. Nos volvemos así en directores de la orquesta aunque la orquesta haya empezado a sonar desentonada y este aburriendo a los oyentes. Creo entonces que las disciplinas espirituales serán como un motor que nos estarán empujando constantemente a Dios y nos ayudarán además a afinar nuestro tacto espiritual para lo que hagamos tenga pasión, vida e impacto hacia los demás.
‘’Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento…’’ (2 Pedro 1:5-6)

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Cuando nos distraemos con otras cosas buenas

Conozco pastores que están envueltos en una serie descomunal de responsabilidades administrativas y eclesiales. Tarde o temprano el resultado será fatiga, enfermedades, frustración, etc. Acá por ejemplo en este país de Asia, muchos de los obreros locales están involucrados en más de cuatro organizaciones diferentes, llámesele a estas ONGs, organizaciones cristianas y en muchos de los casos también llevan la responsabilidad de dirigir una congregación local. Personalmente me cuesta entender cómo podemos ser tan vulnerables a distraernos en cosas que pueden ser buenas pero que a lo mejor no corresponden específicamente a lo que Dios nos ha llamado a hacer.

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Los distractores tienen el poder para robarnos la fuerza, energía y sobre todo la visión que Dios nos ha dado para su gloria y el beneficio de las personas. Jesús nos enseñó que nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. En otras palabras debemos de tener nuestro corazón enfocado en ese propósito correcto para nuestra vida.

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La buena noticia es que podemos hacer un alto y ejercitar la reflexión introspectiva a fin de encontrar descanso en la presencia de Cristo; evaluar si nuestro ministerio se ha vuelto en una carga pesada y si es así, comenzar nuevamente a disfrutar de servir a Dios y a nuestro prójimo. La Biblia dice: –Echa sobre el SEÑOR tu carga, y Él te sustentará; El nunca permitirá que el justo sea sacudido. (Salmo 55:22)


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