¿Qué es lo que más extrañamos de Nepal?

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Podría ser fácil resumir la respuesta y decir: extrañamos absolutamente todo. Pero siendo un poco más  amplio y honesto con todos ustedes, nos está resultando muy difícil la asimilación de que aunque estamos ya de vuelta en nuestro país disfrutando con nuestros seres queridos y amigos, nuestra mente y corazón se encuentran a los pies de los Himalayas, en efecto extrañamos  absolutamente todo, extrañamos el polvo, el bullicio y la contaminación de la capital, extrañamos a nuestros amigos  quienes más que amigos se convirtieron en una familia. Extrañamos el enfrentamiento diario con personas de la cultura local que pensaban de una manera diferente a la nuestra pero que a pesar de ello, buscábamos incansablemente formas para llegar a un entendimiento. Extrañamos nuestro hogar, ese espacio geográfico que Dios nos prestó por algunos años.

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Extrañamos viajar por las montañas y los poblados tratando de apoyar y servir a las iglesias locales, extrañamos la adrenalina de un viaje en medio de dos abismos, extrañamos esa interacción diaria con los nepalíes,  extrañamos las impresionantes vistas a los Himalayas en el mes de noviembre, extrañamos la gastronomía, los lugares, las formas, estilos y pautas de vida en ese gigante llamado Asia. Extrañamos nuestro campo de batalla llamado Nepal, extrañamos esa sensación de ser soldados en medio de una guerra  que había que pelear a diario. Extrañamos a nuestros amigos, los soldados que se quedaron en la batalla.

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Pero como todo soldado, se llega el momento cuando se debe de hacer un alto para retornar a nuestro cuartel de origen y replantear para el futuro una nueva forma de sumarse a la gran batalla en el continente asiático. Ahora ya de retorno a nuestro cuartel llamado El Salvador, es tiempo de descansar,  de sanar heridas, de hacerse chequeos, de medicarse, de reposar la mente y el corazón para poner todos los pensamientos y sentimientos en orden. Es tiempo de evaluar las formas y las estrategias de hacer misión, es un tiempo para cargar baterías al lado de nuestras familias y amigos, es tiempo de procesar la experiencia y tomar nota.

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¿Cuándo retornaremos? No lo sabemos, ¿Retornaremos  Nepal? No lo sabemos, ¿En dónde será nuestro hogar en el próximo año? No lo sabemos. Lo único que sabemos es que somos hijos de una tierra sin nombre, somos colaboradores de Dios en su propósito eterno, e iremos a donde él nos envíe porque su voluntad es siempre buena, agradable y perfecta.

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