¿Cuándo Dios no escucha la oración de su pueblo? (I)

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En la Biblia encontramos innumerables pasajes en donde el pueblo de Dios fue sometido a épocas de juicio, como una consecuencia natural de su desobediencia. Un ejemplo de esto lo encontramos en el libro del profeta  Zacarías en su capítulo 7:11-13.

Y aconteció que así como él clamó, y no escucharon, también ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos. (v.13)

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¿Existe entonces algún escenario en donde el pueblo clame a Dios y se quede sin respuesta? La respuesta es ¡Sí!, y la causa de que esto haya pasado en repetidas ocasiones siempre ha sido la desobediencia de su pueblo. Israel había desobedecido de muchas maneras, Dios les había hecho un llamado para que practicaran la justicia y la compasión; pero no siendo así, el pueblo fue sometido a un cautiverio que duró muchos años (70). El pueblo había estado orando y ayunando por una restauración integral en medio de la crisis, pero la respuesta salvífica de Dios aún no había llegado. Por el contrario, a través de su profeta, Dios exhorta y reprende a su pueblo duramente; pero, ¿Por qué les reprende?.

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Dios reprendió duramente al pueblo por que durante todo ese tiempo de cautiverio el enfoque de sus ayunos y de su luto había sido para la búsqueda de su propio beneficio o bienestar. Seguramente oraban para que cesara el cautiverio, para que Dios los librara de la mano de sus adversarios, posiblemente oraban para que Dios les diera de nuevo la oportunidad de reunirse en lugar físico para la adoración colectiva y poder recobrar así parte de su identidad religiosa.(v.4-5)

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Pero también Dios reprendió al pueblo debido a que sus festividades solemnes y sagradas eran para complacerse a sí mismos y no para agradarle a Él , en otras palabras la forma y la intencionalidad del culto no eran para darle a Dios la gloria sino que de nuevo era para sus propios beneficios. (v.6)

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Ahora más que nunca en estos tiempos de pandemia, quizás esté ocurriendo algo similar en la iglesia evangélica, no me dejaran mentir pero la mayoría de las oraciones  y las convocatorias de ayunos nacionales y cadenas de intercesión de parte de los líderes religiosos actuales son para que Dios proteja a nuestras familias y a seres a quienes amamos, son para que Dios elimine este virus mortal y nos permita regresar a nuestros santos templos o lugares de reunión y así poder continuar con nuestros rituales evangélicos y nuestros programas. Son para que Dios le dé al pueblo lo que el pueblo cree que es lo que más necesita en este momento de crisis global.

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¿No les parece que el enfoque de nuestro clamor a Dios es siempre buscar nuestro propio beneficio? ¿No piensan ustedes que muy pocas veces oramos para que la voluntad de Dios se haga y que su reino se manifieste sobre la tierra? No es tan común orar para que Dios nos de fe en medio del sufrimiento, lo más fácil es pedirle  a Dios el cese del mismo. Siempre buscamos por consiguiente  el camino más fácil, preferimos las rosas en vez de las espinas, aquello que nos asegurará permanecer en nuestra zona de confort la cual se ha visto sacudida en las últimas semanas.

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Siempre como evangélicos nos encanta ver a Dios como una fuente de recursos que está allí únicamente para complacer nuestros caprichos y nuestras exigencias egoístas y banales. Preferimos con mayor frecuencia la teología del dios de la lámpara de Aladino y no la teología del sacrificio y del sufrimiento.

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Dios está permitiendo que el insaciable activismo de la iglesia evangélica en el mundo sea detenido de una sola vez, muchos de los ministros nunca se imaginaron que después de satanizar las redes sociales y hacer un ataque desde los pulpitos a la tecnología, ahora sus ministerios tienen que depender de ella para seguir transmitiendo sus servicios; de un día para otro nos convertimos en la iglesia del aire o de la nube, y ahora como iglesia estamos forzados a reinventar estrategias, a revisar nuestra teología  y a prepararnos para los nuevos retos que están por venir.

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 Hemos estado desde nuestros templos sagrados demasiado ocupados, demasiado afanados, corriendo con nuestros bien elaborados programas, con nuestras agendas organizadas para nuestros magnos eventos cristianos ¿y, mire lo que ocurrió? Nos encontramos la mayoría de nosotros confinados en nuestros hogares replanteándonos el concepto de iglesia en las dimensiones del SER y el HACER, nos encontramos disfrutando de la sencillez de la oración y la búsqueda de Dios en el calor del seno de nuestras familias. ¿No le parece fantástico que todos los que amamos a Dios todas las cosas nos ayudan para bien?

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Quizás nuestra oración ahora más que nunca  debería de ser reformulada y deberíamos de auto reflexionar como cristianos evangélicos, a lo mejor  deberíamos de hacernos la misma pregunta que se hizo el pueblo:

«¿…Debemos continuar de luto y ayuno cada verano en el aniversario de la destrucción del templo como lo hemos estado haciendo durante muchos años?»(v.3)

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 ¿No será que ahora en este tiempo que estamos viviendo Dios esta llamando a su pueblo a volver a la senda antigua? ¿A volverse a sus preceptos, a vivir en una vida de obediencia, a ser un pueblo que practica la justicia, la misericordia y la compasión, a ser un pueblo que vive el evangelio? Es mi oración que Dios nos ayude  a vivir de una forma tal que podamos venir a su presencia confiando plenamente que Él aun escucha a su pueblo, a aquel pueblo que procura en todo momento honrarlo y obedecer así sus mandamientos.

Por: Félix Orellana 

Continúa

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