¿Le tiene miedo a la muerte?

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Todo ser humano creo que en más de una ocasión se ha enfrentado a este pensamiento, ¿quién podría no tenerle miedo a la muerte?, ¿quién podría no llenarse de ansiedad al pensar en este evento natural? Ahora, en el contexto de esta  pandemia que sigue cobrando vidas por todo el mundo (según el mapa mundial del coronavirus: 102.000 + muertos a la fecha),  ese miedo se hace mucho más real. Como cristianos, en nuestra intención natural de resistirnos a la realidad de ese pensamiento sobre la  muerte, de la cual todos seremos parte en algún momento y del cual solo Dios tiene la potestad de saber cuándo y en qué circunstancias se dará, tratamos de ir a la biblia y buscar todos esos versículos en donde leemos por ejemplo que “ninguna plaga tocará tu morada”, “caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; más ti no llegará” o incluso se declara la sangre de Cristo sobre las casas y muchos otros pasajes en la Biblia son tomados para hacer proclamaciones o declaraciones sobre los cristianos, asegurando  que esta pandemia no debe de afectarnos.

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Pero,  ¿cómo interpretamos el hecho de que muchas personas que amaban a Dios y que le servían han perdido la vida a causa de este virus?, ¿cómo podría ser que esas “promesas de Dios” funcionen solo para algunos?, ¿será que es por que unos tienen más fe que otros? ¿o, será que es porque algunos no claman a Dios tanto como otros lo hacen?.  Ciertamente y sin ánimos de tratar de responder estas interrogantes tan complejas, diré solamente que uno de los elementos que debemos de considerar, es el hecho de que Dios no ve o interpreta la muerte de la misma forma en la que nosotros lo hacemos, para el Señor la muerte de los santos viene a ser una ganancia; (Estimada a los ojos del SEÑOR es la muerte de sus santos. (Salmos 116:15-LBLA)), es decir, que  un hijo de Dios cuando muere, viene a recibir el privilegio de estar en la presencia de Dios, disfrutando de él  por una eternidad, esta persona habrá culminado su carrera;  podemos ver estas convicciones en el apóstol Pablo, previo a su sacrificio, él dijo las siguientes palabras: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe” (2 Tim.4:7-LBLA).

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Por lo tanto, para aquellos que no han tenido acceso a la gracia de Dios, la muerte pone fin a la posibilidad de aceptar la misericordiosa oferta de Dios a través de su plan de salvación. “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). Pero por otro lado, para quienes hemos conocido a Jesús, la muerte nos conduce a su presencia plena: “estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Corintios 5:8; Filipenses 1:23). La extraordinaria promesa de la resurrección de los creyentes es una realidad a la cual debemos de aferrarnos. Confiemos entonces hermanos, que nuestra vida está en las manos de Dios y que él puede ayudarnos a sobrellevar nuestra vida cristiana en medio de las aflicciones a las cuales estaremos expuestos en nuestro peregrinaje por esta tierra.

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Finalizo escribiendo que el Dios en el que hemos creído  tiene el poder para guardar a su pueblo, pero más allá de esa verdad,  existe una realidad mayor y es que un día estaremos con él por toda una eternidad. Sobre todas las cosas, que la voluntad perfecta de Dios sea hecha  en el mundo, en nuestra vida y él pueda consolar  a todos aquellos que sufren en este momento  y nos dé a nosotros la fe para estar firmes en medio de todo lo que pueda venir.

 

Por Félix Orellana

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