¡La iglesia es más que una estructura, más que un templo!

 

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 Ahora en algunas ciudades del mundo  descansan y reposan templos equipados con butacas, con equipos profesionales de sonido, luces, esferas, efectos de humo, tecnología de punta, video cámaras, micrófonos de primer nivel, reposan los instrumentos musicales, los aires acondicionados están  apagados, las puertas de las iglesias están cerradas y en otros lugares el glamour y la etiqueta se han guardado en un armario, las corbatas y los trajes ya no son tan necesarios en estos momentos,  porque ahora hay más comodidad en usar pantalones cortos y unas chanclas en casa.

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Pero también, la agenda se detuvo, los programas, actividades, retiros, encuentros, conciertos, de la noche a la mañana se tuvieron que virtualizar;  la gestión dinámica de nuestros recursos se transformó en una prioridad  mas rápido de lo que hubiéramos esperado. Muchos se resisten al cambio y luchan con mucha vehemencia para mantener sus propios conceptos de congregación, iglesia o ministerio. Sólo bastaron un par de semanas para que  nuestro orden lógico de cómo deben de ser las cosas de iglesia fuera desafiado al cambio o al menos a una reflexión critica. 

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Tristemente, hay un sector de hermanos en nuestras iglesias locales que por su situación socioeconómica no tienen las posibilidades de reproducir un video de 30 minutos en Streaming , no tienen las posibilidades de unirse a un estudio bíblico en línea; tendrían que disponer de un plan de datos para escuchar nuestros sermones de 50 minutos y además es posible que en este momento algunos ni siquiera tengan el dinero para llevar un tiempo de comida digno a su mesa. En otras palabras, a menos que no busquemos formas creativas de compartir el evangelio por otros medios, el escuchar la palabra vendrá a ser algo exclusivo únicamente para aquellos que tengan posibilidades de adquirir un teléfono inteligente y un buen plan de datos.

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También debo de mencionar que para muchos ministros les resultará  mucho más fácil colgar un video en las redes, hacer un live para teologizar, que hacer una llamada por teléfono para conocer la historia de las ancianas o ancianos que no entienden nada de ese mundo tecnológico y que posiblemente estén quebrados anímicamente, enfrentando ansiedad, angustia, desesperanza o temor.  Estamos al frente de una realidad que debemos de prestarle atención en este momento que atravesamos como seres humanos y como iglesia. Pecamos mucho cuando tratamos de ministrar a las personas desde la normalidad de nuestra realidad y sin hacer un mínimo esfuerzo racional para entender la realidad que muchos viven.

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Si bien es cierto, no sabemos cuándo volveremos congregarnos en nuestros lugares de reunión; pero de momento, sigamos disfrutando de este tiempo que tenemos en nuestra casa con nuestras familias. Pero también pensemos cómo podemos auxiliar a muchos de nuestros hermanos  que desde hace mucho tiempo atrás ya vivían con muchas limitaciones y en condiciones precarias y que ahora a causa de la crisis actual su  situación a empeorado.

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No estoy diciendo de ninguna manera que tener bonitos templos sea negativo y mucho menos que el usar las redes sociales para hacer bombardeos retóricos desde los púlpitos improvisados en el espacio de nuestra casa sea inapropiado, no estoy diciendo tampoco que usar saco y corbata no sea necesario, sino más bien que ahora hay otras cosas más importantes, hay otras prioridades que surgen de esta realidad que estamos viviendo, ahora es más importante que usemos las vestiduras de Jesús y que  busquemos formas creativas para atrevernos a caminar en las aldeas y seguir así llevando ese pan de vida a quienes tienen hambre y sed de justicia. 

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 Aunque usted no lo crea,  hay muchos que creen que no puede haber iglesia fuera de un templo, que no puede haber adoración verdadera sino hay músicos liderando esos tiempos de alabanza y adoración,  note lo que leemos en el libro de los Hechos:  “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. (Hechos 17:24-28 RVR1960). Ahora más que nunca,  seamos y hagamos iglesia desde nuestra realidad, porque ciertamente la iglesia es mucho más que una estructura física, es mucho más que un templo.

Por Félix Orellana

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